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domingo, 26 de mayo de 2019

Asesinato en la cocina

Nancy Crampton-Brophy


La escritora Nancy Crampton-Brophy, detenida como sospechosa de matar a su marido
Autora de “Cómo matar a tu marido”, hizo realidad el tema de su blog.

AnaAlejandre

En este blog se trata de las noticias luctuosas , macabras, en las que la violencia, la crueldad y los actos criminales son  sus protagonistas. El mundo de los escritores no podía quedarse al margen porque está formado por seres humanos y como tales con obsesiones, pasiones, bajos instintos y pulsión violenta que se dispara en ocasiones cmo le sucede al resto de la humanidad, sea cual fuere su profesión, circunstancias y personalidad. Así, pueden ser los actores de hechos   que superan la frontera de la realidad y parecen adentrarse en el terreno de la ficción. En esta ocasión, hablaremos de La escritora Nancy Crampton-Brophy, detenida como sospechosa de matar a su marido.

El tema recurrente de cómo matar al propio marido está presente en sus obras, tanto en El policía equivocado , en la que su protagonista se pasa todos los días de su matrimonio pensando cómo asesinar a su consorte, como en El marido equivocado, historia en la que una mujer huye de su marido, con la estratagema de fingir su propia muerte.

La noticia saltó a los medios de comunicación el 2 de junio del pasado año, a primeras horas de la mañana, cuando los alumnos del Instituto Culinario de Oregón, encontraron el cadáver de Daniel Brophi, de 63 años, tendido en un charco de sangre, en el suelo de unas de las cocinas del mencionado instituto y con heridas de bala.

A pesar de los esfuerzos de los médicos por salvarle la vida fueron en vano, entre la consternación de alumnos y profesores del centro, pues el fallecido era una persona muy querida y popular por su carácter afectuoso y amable, no exento de una cierta extravagancia simpática.

La viuda, Nancy Crampton-Brophy, comunicó al día siguiente a sus amistades a través de las redes sociales, escribiendo el comunicado siguiente: “Mi marido y mejor amigo, el chef Dan Brophy, fue asesinado ayer por la mañana. Para aquellos de vosotros que estáis más cerca de mí y que sentís que esto merecía una llamada telefónica, tenéis razón, pero estoy esforzándome por encontrar un sentido a todo ahora mismo. Hay una vigilia con velas en el Instituto Culinario de Oregón, mañana lunes a las siete de la tarde. Aunque agradezco todas vuestras cariñosas respuestas, estoy sobrepasada. Por favor, ahorraos las llamadas telefónicas durante unos días hasta que yo empiece a funcionar”.

El lunes por la tarde, como había anunciado, la viuda asistió a la vigilia en memoria de su marido, acompañado por cientos de personas, acto que se celebró en las puertas de la escuela de cocina en la que el fallecido había dado clases de que el centro se fundara en 2006. Nada hacía presagiar los acontecimientos posteriores que cambiarían drásticamente la situación de la hasta entonces anegada esposa.

Nadie comprendía el motivo de aquel terrible asesinato de un hombre que parecía no tener enemigos. El chef era un hombre afable y con un sentido del humor negro muy especial, unido a sus inocentes excentricidades que le hacían ser muy apreciado por quienes lo trataban. Ponían como ejemplo que obligaba, al alumno que se le olvidara su gorro de chef, ponerse uno de los muchos sombreros de la insólita colección que tenía (de vikingo, sombreros mexicanos y otros muchos), además de prohibir tajantemente silbar en la cocina. También contaba chistes de humor negro como son : “Todas las setas se pueden comer, al menos una vez”, o bien. “Puedes curar fácilmente a un pollo enfermo usando una pala”. No hay que olvidar que, en Estados Unidos., el humor negro es consustancial a buena parte de la población. De ejemplo sirve el chiste de este tipo de humor que ganó, hace varios años, el premio anual de chistes negros en dicho país: “Nunca me reí más que el día que mi hermano, Tommy, se cayó en la granja y los cerdos se lo comieron”. También, el difunto chef impuso la costumbre de que un alumno, todos los años, se pusiera un disfraz de vaca y en él iban pegando con velcro, los demás alumnos, las zonas de corte del ganado vacuno.

Lo curioso es que el disfraz lo cosió a mano la propia esposa del original chef que ahora es su presunta asesina y que, además compartía con su marido su afición al humor negro, como demostró en una entrevista que le hicieron en 2012, en la que le preguntaron cuál era el motivo de que eligiera el suspense romántico para sus novelas y respondió: “El asesinato, el caos, la sangre parecen brotar naturalmente de mí, lo que significa que mi marido ha aprendido a dormir con un ojo abierto”. El matrimonio llevaba 27 años de vida en común y aparentaban ser una pareja bien avenida, aunque la respuesta de la escritora fuera un tanto perturbadora, pero propia de alguien con un sentido del humor negro tan acusado.

La escritora era autora de un blog que tenía un macabro título “Cómo a matar a tu marido”, aunque es más inquietante, sin duda, la personalidad de las lectoras que se sintieran atraídas por semejante propuesta de lectura. En dicho blog desaconsejaba las cinco formas de matar que le parecían poco adecuadas el 4 de noviembre de 2011: “Una pistola es ruidosa, sucia y requiere cierta habilidad. Un cuchillo exige contacto: es algo muy personal y te llenas de sangre. Contratando a un sicario te arriesgas a que te delate o te chantajee. ¿Y quién conoce a uno? Recurrir a un amante es una idea peor aún. En cuanto al veneno, lleva uno o dos meses matar a alguien, y la víctima estará enferma todo ese tiempo. ¿Quién desea estar con un marido enfermo?

Por la investigación llevada a cabo durante los meses de verano, la policía tuvo la evidencia de que la escritora era sospechosa de haber matado a su marido. El 6 de septiembre pasado fue detenida e ingresó en prisión sin fianza. Nada se sabe del supuesto móvil del crimen, aunque la propia detenida había sugerido tiempo atrás en su texto Cómo matar a tu marido las cinco posibles causas de tan macabro acto: 1) El financiero; 2) Es un “bastardo mentiroso y tramposo”; 3) Te es infiel. 4) Es un insoportable tirano.  6) Es un maltratador físico y psíquico y un asesino en potencia.Sin embargo, la propia autora afirmaba en el mismo texto lo que sigue “Encuentro más fácil desear la muerte a la gente que matarla realmente”, “Pero lo que sé sobre el asesinato es que cada uno de nosotros lo tiene dentro de sí, cuando le empujan demasiado lejos”.

Palabras clarificadoras que son toda una declaración de principios que sirvieron de preámbulo para lo que sucedería después. A luz de los acontecimientos, no cabe duda de que la presunta asesina de su marido no obró como consecuencia de un momento de enajenación mental, sino de forma fría y premeditada cuando la ocasión se lo permitió o su deseo de matar a su cónyuge fue más fuerte de lo que pudo soportar.Después, supo interpretar el papel de viuda doliente a la perfección.

Una vez más, la realidad supera con creces a la ficción.


martes, 4 de septiembre de 2018

Un asesino en búsqueda y captura

Joe Brech,,el asesino, y su víctima

                                             
Ana Alejandre 

Existía, hace décadas, un famoso programa radiofónico que se titulaba “El criminal nunca gana”, haciendo alusión a que ningún autor de un delito podría escapar nunca de la acción de la justicia.. Se puede decir, más bien, que "el criminal no siempre gana",, aunque tarde en darse cuenta como es el caso del que se trata en este artículo.

Aunque ese programa se emitía en una época más ingenua que la actual, en la que se creía a pie juntillas en los valores tradicionales que hacía ganar siempre el bien sobre el mal; nos siempre se ha cumplido esa premisa ideal, a pesar del mayor número de posibilidades para atrapar al delincuente: técnicas de investigación sofisticadas, análisis del ADN, medios de comunicación como internet, televisión, móviles, etc., que hacen más fácil poder transmitir inmediatamente una noticia a los cuatro puntos cardinales, con los datos e imágenes del autor de un crimen, no siempre se consigue su captura, porque los medios de ocultamiento y fuga también son mayores para quienes huyen de la justicia. 

Sin embargo, un asesinato y abuso sexual cometido contra un indefenso niño de once años, Nicky Verstappen, cometido en 1998, en Holanda, y cuyo autor se había dado a la fuga, ha tenido el final feliz de su captura, veinte años después, por una mera casualidad proporcionada por la coincidencia de la fotografía del único sospechoso de tal espantoso crimen, publicada en un periódico holandés, con la visita de un ciudadano holandés a España y, justamente, al lugar donde se ocultaba el asesino que intentaba pasar desapercibido, en la localidad barcelonesa de Castellterçol. 

Joe Brech, que es el nombre del asesino buscado inútilmente por la policía en estos veinte años, había llegado a dicha localidad en abril de este año, después de haber llegado de Francia donde se había refugiado en las montañas. Cuando llegó a Cataluña, preguntó por algún lugar donde le dieran comida y habitación por realizar trabajos en huertas o similares. Le hablaron de la llamada “masía encantada” como así la llaman sus habitantes, dos familias de masoveros (labrador que vive en masía ajena y cultiva la tierra a cambio de una retribución en dinero o en especie, y, también, los que viven en masías), y, también, como la “casa de los hippies”, tal como la conocen los habitantes del pueblo.

 El asesino holandés, de 55 años, se dirigió a dicha casa y habló con las dos familias de la masía y les propuso realizar trabajos a cambio de comida y alojamiento. Aceptaron su propuesta, ya que habitualmente admiten a voluntarios que se ofrecen. El prófugo se definió como un experto conocedor de las plantas medicinales y la masía se dedica a elaborar cosmética natural como medio de vida. 

El recién llegado también demostró que era un excelente cazador y que sabía fabricar trampas para animales. Superó los días de prueba y se quedó a vivir con ellos, pero no quería dormir en la casa con las dos familias, y prefirió construirse una especie de campamento en el bosque, a unos 50 metros de la vivienda, que no era otra cosa que una hamaca tapada con un toldo. Los habitantes no pusieron ninguna objeción porque no les extrañó, por el sistema de vida no convencional que ellos mismos llevan 

Lo que sí les llamó la atención fue su extrema introversión y, si hablaba, solo lo hacía de plantas, demostrando su profundo conocimiento de las mismas. Cualquier otra conversación la desviaba siempre hacia el tema que le obsesionaba. No le interesaba nada del exterior, de ese mundo del que huía, refugiándose en el bosque, a resguardo de miradas curiosas. No utilizaba internet, ni móvil. Ni siquiera bajaba al pueblo de Castellterçol nada más que en contadas ocasiones, y se paseaba por el pueblo con su mochila y su gorra. Los lugareños lo consideraban uno más de la casa, del que no sabían nada de su vida, pues no establecía contacto con ninguno de los habitantes del pueblo 

Los habitantes de la casa afirman no haber tenido nunca problemas con él, pues hacía muy bien su trabajo y se retiraba a su refugio. Los habitantes de la casa estaban acostumbrados a recibir a personas de todas las nacionalidades que acudían a pasar allí una temporada, llevando una vida natural o de retiro espiritual, y veían a gente diferente y de caracteres diversos. El huido era uno más, aunque más introvertido que los otros, pero no problemático o sospechoso en su conducta.

Pero la causalidad quiso, en uno de esos garabatos que traza en el destino de cada individuo, que apareciese por la casa un holandés, el pasado y último fin de semana de agosto, y los habitantes de la casa presentaron a los dos compatriotas que estuvieron hablando durante dos horas. Después de terminar la charla, el recién llegado, muy interesado por las noticias de su país, leyó la prensa holandesa y vio la foto de uno de los fugitivos más buscados por la policía de su país, y supo, inmediatamente, que era el mismo que le habían presentado poco antes los masoveros. Llamó a uno de los moradores de la casa y le enseño la foto, que reconoció como Joe Berch. Después, llamaron a la policía.

 Por su parte, las autoridades ya habían recibido muchas alertas del posible paradero del criminal buscado, pero todas resultaron inútiles, hasta que les llegó la pista definitiva desde el bosque de Castellerçol que parecía ser la que estaban esperando desde el principio para poder encontrar al asesino. Informó la Policía Nacional a los habitantes de la masía de que llegarían hasta donde vivían para detener al fugitivo, 

Se daba la circunstancia de que, en esos mismo días, la casa estaba al completo por gente que había llegado de varios países de Europa para participar en unas jornadas de convivencia, inmersos en el precioso entorno natural de la masía, y con el propósito de estar cuatro días y sus noches sin hablar. Pero los habitantes de la casa con la policía acordaron la mejor forma de que los agentes pudieran detener al asesino, sin que los otros visitantes se percataran de ello. Los propietarios del lugar no querían que la “masía encantada” se convirtiera en un espectáculo protagonizado por policías y un fugitivo. Eso arruinaría su buen nombre y su negocio.  

Para ello, convinieron con la policía que ese domingo se llevarían a Joe Brech a cortar leña, a las tres en punto de la tarde, dos habitantes de la casa. Esto lo hacían habitualmente, por lo que el fugitivo no podía sospechar nada de dicha propuesta y le dificultaría su huida.Cuando los tres habían avanzado unos pocos metros, los agentes del Grupo de fugitivos Internacionales, se abalanzaron sobre el asesino y lo detuvieron. 

Por fin, el asesino pederasta del pequeño Nicky Vertappen, había sido detenido por la justicia, veinte años más tarde de la comisión del horrendo crimen. Su víctima y su familia podrían encontrar paz y un poco de consuelo, aunque nunca se puede superar un trauma así. El criminal tendrá que pagar ante la justicia, a pesar de que su instinto de depredador humano le había ayudado a escapar durante dos décadas de los servidores de la Justicia. Lo sabía todo de la naturaleza, su hábitat en tantos años de huida, pero la causalidad (o más bien, la causalidad) hizo que una foto suya en la prensa holandesa fuera vista por un compatriota suyo de viaje a España y al mismo lugar donde se encontraba el asesino y supo alertar a la policía. 

Un crimen cometido tantos años atrás en un entorno natural (un campamento de verano donde el niño fue asesinado) tan parecido al que fue detenido su autor, pone el punto final a una historia de horror y muerte en un paraje parecido al del macabro suceso, como una pirueta sarcástica del destino.

 No siempre se cumple la sentencia de que “el criminal nunca gana”. Desgraciadamente, muchos se escapan y no pagan ante la justicia (aunque todos pagamos nuestros errores y malas acciones de una forma u otra); pero cuando se detiene a un criminal se siente alegría y pena, al mismo tiempo. Alegría, porque el asesino pague su culpa, aunque sea con tanto retraso; y pena, porque el hecho de que lo enjuicien y encarcelen no le devolverá la vida al niño inocente que pagó con su vida el mero hecho de estar en el sitio equivocado y en el momento equivocado, lo que le puso en contacto con el depredador que acabó con su vida.

 Este suceso, que parece sacado de una buena novela o película de suspense por la larga persecución del criminal, borra las fronteras entre realidad y ficción. Sin embargo, es una noticia real, aunque seria preferible que perteneciera al mundo de la ficción, en cuanto a la víctima, una de tantas que todos los días se cobran los asesinos de toda clase y condición, que van llenando los medios de comunicación, la actualidad cotidiana, con un reguero de víctimas (y sus familias que lo son igualmente) y ensombrece la vida de todos los ciudadanos, con un tinte oscuro y siniestro de ; pero, sobre todo, de miedo, mucho miedo. Todos somos víctimas potenciales, sin importar el sexo, edad o condición, por el simple hecho de encontrarnos cualquier día con el psicópata asesino en serie, el maníaco, el fanático terrorista, o el homicida irresponsable que quiere morir, llevándose a todos los que pueda por delante. 

Los que viven en localidades pequeñas suelen estar pendientes de los forasteros y no le quitan el ojo de encima, porque quieren saber a quién tienen cerca y qué peligros puede representar. En las grandes ciudades hay que fiarse de la buena suerte, de “a mí no me puede pasar”, o de que “nadie se muere mientras no le ha llegado su hora”; o bien, de que “eso solo sucede en las películas”. Todo sirve para poder seguir viviendo en la jungla de asfalto en la que no conocemos quién sube con nosotros en el ascensor, se toma un café en la mesa de al lado, o viaja en el mismo autobús. sin sentir ese miedo que nos atenaza cuando nos paramos a pensar que tenemos las mismas posibilidades que esas víctimas reales que salen en las noticias para ocupar su lugar en las crónicas de sucesos.

sábado, 10 de febrero de 2018

La prisión permanente revisable y sus supuestos

Juan Carlos Quer y  José Cortes, padres de Diana y Mari Luz



Una necesaria reforma penal que demanda la sociedad española

Ana Alejandre


El viernes pasado el Gobierno aprobó un anteproyecto de ley para modificar la prisión permanente revisable que entró en vigor en 2015, año en el que se modificó el Código Penal, y con dicha modificación intenta elevar a 13 los supuestos en los que se puede aplicar. 

Este anteproyecto se ha presentado en un momento en el que el debate político se ha acentuado, con respecto a este tema tan importante y urgente, a raíz de la iniciativa del PNV que quería derogarla en el Congreso. 

Sin embargo, el hallazgo del cuerpo de Diana Quer y la actitud del PSOE y Podemos, ha hecho que el PP intente esta modificación a todas luces necesarias. 

La pena de prisión permanente es la pena de privación de libertad que en España y en el ámbito legal europeo es lo más parecido a la cadena perpetua, pero con matizaciones importantes. En España se aplicó por primera vez en el caso de David Oubel, el parricida de Morano, acusado de drogar y asesinar a sus dos hijas con una radial. Espeluznante caso que merece una pena mayor que la de prisión permanente. 

La propuesta del Partido Popular trata de incluir cinco nuevos delitos en la prisión permanente revisable que son los siguientes supuestos: 

a) Si no se colabora para recuperar el cadáver (es fácil recordar a qué reclusos condenados por atroces asesinatos y burla continuada a la Justicia se les podría aplicar con toda razón). 

b) Si ha habido secuestro antes el asesinato. 

c) Violaciones a menores tras torturas o privación de libertad 

d) En los casos de violadores en serie. 

e) En los supuestos de piromanía que causen muertes; o se producen liberación de energía nuclear; o bien, si se producen daños a las infraestructuras que prestan servicios esenciales a la sociedad. 

En la actualidad, el Código Penal recoge en su artículo 183 los ochos supuestos en los que se puede aplicar la prisión permanente revisable y que son: 

1) La excepcional gravedad del delito cometido, entre ellos que la víctima sea menor de 16 años o vulnerable por su edad, o por padecer algún tipo de enfermedad o discapacidad. 

2) Cuando un asesinato ocurre inmediatamente después de un delito contra la libertad sexual que el autor comete sobre la víctima o, bien, que el autor pertenezca a una organización criminal. 

3) El asesinato múltiple también está contemplado como supuesto aplicable. 

4) Delitos de terrorismo, contra jefes de Estado extranjeros y contra el Rey y su heredero. 

5) En crimen de lesa humanidad (siempre que se reconozca el homicidio) será aplicable, también. 

Cuando ha sido cumplida parte de la pena, será revisable la prisión permanente por un tribual que valorará si el condenado está en condiciones de obtener la libertad, o si debe permanecer en prisión, Para ello, la ley exige establecer un nuevo plazo para estudiar la situación del condenado en esos momentos de revisión de su condena. Para ello, el reo podrá pedir una revisión de su pena a los 15 años desde que comenzó a cumplir la misma, salvo en los casos en que se trate de delitos relacionados con el terrorismo que exigirá 20 años para dicha petición. 

Pero, quienes no conocen las leyes aplicables en otros países europeos y puedan considerar que en España se intenta aplicar la prisión permanente, excediendo así la condena máxima que se aplica en el resto de Europa, se equivocarían totalmente. Esta pena de prisión permanente revisable no es excepcional en la Unión Europea, ya que países como Francia, Alemania o Italia son algunos de los países que también cuentan con su propia pena de aplicación excepcional, similar a la de prisión permanente revisable. 

Por ejemplo, en Francia existe la pena de “perpetuidad irreductible”, creada en 1994, bajo la presidencia del socialista François Mitterrand. Esta pena es aplicable a los condenados por asesinato de una víctima menor de 15 años que sufriera también “violación, torturas o actos de barbarie”. A partir de 2011, se aplica igualmente en los casos de homicidio de una autoridad; y, desde los actos de terrorismos acaecidos en 2016, a los casos de terrorismo. 

En el Reino Unido, en la mayoría de los casos penales, el reo puede optar al tercer grado tras el período de tiempo que fije el juez. Aunque por la excesiva gravedad de algunos delitos, el magistrado está facultado para dictar una cadena perpetua que impida que el condenado pueda acceder bajo ningún supuesto a la libertad condicional. 

En Italia, el Código Penal recoge la cadena perpetua que es la máxima pena del país y que sustituyó, en 1994, a la pena de muerte hasta entonces vigente. Aunque la cadena perpetua italiana es más parecida a la homónima norteamericana en cuanto a su concepción, el condenado puede acogerse a diversos beneficios penitenciarios, a partir de haber cumplido 20 años de condena, como mínimo; igualmente, a los 26 años cumplidos se puede optar a la libertad condicional. 

También, la legislación italiana contempla la opción de los “arrepentidos” que contempla la posibilidad de que las personas que pertenecen a una organización criminal, por ejemplo, la mafia o similar, pueden dar información a la Justicia a cambio de recibir protección policial y reducir su condena. 

Estas modificaciones penales son criticadas por los grupos políticos que se auto titulan “progresistas”, y que representan una ideología retrógrada en cuanto que no se adaptan, ni quieren hacerlo, a la realidad social y compleja de los delitos de sangre que cada vez es más creciente de forma imparable y que requieren un tratamiento penal adecuado para proteger a la sociedad de unos seres que por psicopatología, maldad intrínseca e incapacidad de reinserción, son un peligro potencial para la sociedad cuando salen a la calle, después de cumplir una condena mínima por hechos terribles. Entonces, vuelven a delinquir, como así lo demuestran las estadísticas de tantos asesinos, violadores, pederastas y psicópatas que, una vez libres, no tardan en cometer nuevos delitos violentos, sangrientos y execrables contra víctimas inocentes que, de haber estado entre rejas esos depredadores humanos, no hubieran podido atacar y asesinar en su delirio de sangre, horror y muerte que representan. 

El verdadero progreso está en atender a las necesidades de los ciudadanos que requieren un régimen penal en el que los condenados se puedan reinsertar -aunque se sabe que muchos no son aptos para ello-, y que las personas puedan sentirse seguras en su vida cotidiana sin tener miedo de tropezarse con el violador que ha sido puesto en libertad, después de cumplir una condena irrisoria por atacar a decenas de mujeres; o que el pederasta liberado vuelva a sus andadas, tratando de raptar y abusar de niños que juegan tranquilos o vuelven a sus casas del colegio; por no decir a tantos asesinos de roles inescrutables, de la baraja, de la catana y suma sigue del catálogo de los horrores que se esconden en el cerebro de tales psicópatas, asesinos convictos y confesos que deben estar donde corresponde, es decir, en cárceles de seguridad para proteger a la sociedad de tales bestias humanas de las que la única defensa posible es los barrotes de las cárceles y no las palabras de tantos “progresistas” cantamañanas que sólo se acuerdan de exigir justicia cuando ellos o sus familiares son las víctimas de tales monstruos con apariencia humana. 

Hay que pensar en las víctimas y sus familias, primeros, después en la sociedad en su conjunto y, por último en los culpables de tantas muertes, horror y sufrimiento. No se debe invertir el orden como hacen los “progresistas” de salón, para quien el dolor ajeno siempre es tolerable, perdonable y liviano. O los que defienden a los terroristas, “esos buenos muchachos patriotas”. Quizás, son de ellos de quienes también se deben defender los ciudadanos pero en vez de con rejas, con los votos.


domingo, 26 de febrero de 2017

Violencia de género, una tragedia repetida




Ana Alejandre

Este fenómeno universal, desgraciadamente y para vergüenza de cualquier sociedad en la que se produce, en 2017 está provocando víctimas con una repetición y celeridad pavorosas. A pesar de que, en España, fueron 44 víctimas mortales  por dicha causa en 2016, lo que le hace quedar como uno de los años con menos número de víctimas mortales por esa terrible causa y creab espernzas de que ese terrible fenómeno estaba en una bajada de casos que era esperanzadora.

Las campañas de concienciación de los ciudadanos ante este trágico fenómeno .que desdice la supuesta cultura y civilización de una sociedad azotada por esta trágica plaga, no han hecho decaer el número de víctimas sino que parece, según las últimas cifras de este año, que está aumentando.

Hasta el día  25 de febrero habían muerto, desde el 1 de enero del presente año, 15 mujeres a manos de sus cónyuges, parejas o ex parejas, en un rosario sangriento de víctimas de la  violencia machista y la barbarie más espeluznante. Este mes de febrero es el más trágico en este siniestro tema desde 2008, año en el que fueron asesinadas, en los dos primeros meses del año, la misma cifra de 15 mujeres a manos de los hombres con los que mantenían, o habían mantenido en algún momento de sus vidas, relaciones sentimentales, según manifestó a la prensa la Delegación del Gobierno par la Violencia de Género que inició en 2004 su cómputo de las víctimas por tal causa.

Seis de las víctimas fueron asesinadas en enero y las nueve restantes lo fueron en febrero, en una escalada mortal que sobrecoge por la reiteración de una violencia que genera víctimas que se encuentran indefensas delante de su verdugo.

Algunas de ellas habían presentado denuncias contra sus agresores y las había con orden de alejamiento de quienes después las asesinaron, en una demostración evidente de que tales órdenes no sirven de nada cuando el asesino tiene ya trazado su plan letal.

Esto pone en evidencia que la sociedad falla en proteger a quienes se encuentran indefensos ante los productos o, mejor dicho, desechos de una cultura machista que ha creado a esos monstruos. Esos que, a falta de capacidad de raciocinio y de un mínimo de autocontrol de los impulsos, considera que tiene el derecho de disponer de la vida de otro ser humano de la que se considera acreedor por haber sido educado en unos principios machistas, en los que el macho impone su fuerza bruta, su incapacidad de controlar sus impulsos agresivos, su propia rabia ante la frustración que le produce el hecho de ser abandonado por quien considera que es de su propiedad. Por ese motivo, muchos supuestos hombres y bestias ciertas, hacen realidad la siniestra frase que afirma “La maté porque era mía”, dicha con la satisfacción de quien considera que ha ejercido un derecho inalienable y sin sentir culpa alguna.

El problema es de la educación recibida en una falta de valores morales y éticos y en los contravalores sí enseñados como es el m´s rancio machismo, en el que al hombre se le educa como el ser superior al que la mujer debe estar sometida. Cuando esta se rebela ante ese estado de abuso constante por parte del hombre, y decide abandonar una relación que la hace desgraciada y a quien no la respeta ni valora, es cuando se produce la reacción de rabia y frustración del supuesto hombre que no puede aceptar la posibilidad de perder el dominio sobre la mujer, sobre un objeto de su propiedad, como así la considera, y ataca con la rabia asesina del animal que intenta defender un territorio inexistente que no es otro que el cuerpo de una mujer, haciendo así realidad la frase terrible que dice; “Si no  es para mí, no será para nadie”.

La sociedad tiene que arbitrar una serie de medios eficaces para evitar este rosario de muertes inútiles que se podrían haber evitado si lo que dicen las leyes que amparan a las mujeres en riesgo se convirtieran en hechos concretos y oportunos que asegurasen la integridad de esas mujeres que han pedido muchas veces ayuda y amparo ante una muerte anunciada y denunciada.  Sin embargo, la policía, los jueces y los servicios asistenciales, por falta de medios materiales y no por dejadez, no han podido llegar a tiempo y sólo a posteriori intervienen para contabilizar otra muerte absurda, para certificar otro asesinato de una víctima que se ha sentido sola y desamparada ante la furia asesina de quien, una vez,  fue su pareja y se convirtió después en su verdugo.

Todos tenemos que responsabilizarnos de estas muertes, estando atentos a lo que pasa en nuestro entorno y no haciendo oídos sordos  a todas aquellas señales de alarma de que una mujer está siendo maltratada. Estps desmanes suceden ante el silencio cómplice de una sociedad que dice no querer intervenir en problemas de pareja, cuando lo que, en realidad, está oyendo, viendo o intuyendo son las señales de la agonía lenta, terrible y desamparada de una mujer, una víctima, que está pidiendo socorro, ayuda y atención en silencio.

Hay que estar alerta ante unos hechos aparentemente inocuos: discusiones, gritos frecuentes, palabras malsonantes, descalificaciones, ruidos de golpes,  cuando no algún de algún que otro hematoma (por una supuesta caída, un accidente casero, etc.) que deben alertar que esa mujer está siendo maltratada en una espiral de violencia creciente y que, en muchos casos, termina con la vida de quien la ha padecido ante la indiferencia de los demás, por el supuesto respeto debido y la no intromisión en la vida de pareja.. Ante situaciones cercanas así, sólo cabe llamar al 016, de forma anónima, y advertir que en un piso cercano hay evidencias de que se están produciendo malos tratos, sobre todo cuando esos indicios son repetidos. A partir de entonces, se pone en marcha el protocolo correspondiente de ayuda a la víctima.

Así, quienes ven u oyen y no actúan denunciando los hechos y/o ofreciendo su ayuda a la víctima de esos hechos para que no se sienta sola y ayudándola a alejarse del maltratador -según sean las circunstancias y la relación con la víctima-, resultan ser, en muchas ocasiones, cómplices involuntarios del depredador humano. Esto sucede hasta que este mata a quien ha maltratado durante mucho tiempo, cuando esta dice ¡basta ya!, e intenta abandonarlo, o  cuando la violencia del agresor traspasa todo límite y termina con la vida de la mujer que ha padecido un infierno de maltrato en soledad.

Incluso, se da el caso trágico de mujeres que han denunciado ante familiares y amigos el calvario que están viviendo y no las han creído porque el marido o pareja está considerado una buena persona que es incapaz de ese tipo de actos. Cuando se produce la muerte es cuando todos dicen que no podían creer que el homicida pudiera llegar a ser el autor de un acto tan atroz. Pobre consuelo para la víctima que se ha sentido abandonada ante un canalla que ha cuidado su puesta en escena ante su círculo habitual como mejor sistema para acallar la verdad que su víctima pudiera contar, pidiendo ayuda.

Las muertes de todas las víctimas de la mal llamada violencia de género tienen que ser un aldabonazo en las conciencias de toda la sociedad porque es cosa que nos atañe a todos y en lo que nos tenemos que implicar sin mirar para otro lado, con la excusa del respeto a la intimidad de las parejas. El maltrato, la violencia psíquica y física, el abuso continuado y las faltas de respeto del hombre hacia la mujer, no merecen ningún respeto. Sólo merecen la reprobación, la denuncia -según la gravedad de los hechos- y la condena social de quienes, por ser machos pero no son hombres, están de más en una sociedad civilizada en la que la Ley y sus mecanismos deben defender al más débil y protegerlo de los depredadores humanos, algunos con traje y corbata, que disfrutan volcando su iracundia, su rabia, su frustración, sus complejos y su cobardía en una mujer, -en unos niños, también, en ocasiones- que sólo han cometido el error de estar a su lado y formar una familia con esas malas bestias que sólo conocen la brutalidad, la violencia, el abuso y el maltrato como forma de convivencia, como única forma de expresión de su insania mental, de su impotencia cobarde y de su incapacidad para amar.



sábado, 27 de agosto de 2016

Soledad mediática




Hace unos días salió una noticia publicada en la prensa, que provenía de un post en Facebook publicado por la policía de Roma. Corrió como la pólvora y fue objeto de infinidad de comentarios en las redes sociales  y de la que se hizo eco la prensa, posteriormente. La noticia es una muestra palpable de la soledad e incomunicación en la que se vive en la sociedad actual, especialmente las personas mayores, lo que es un problema a nivel mundial, sobre todo en las grandes ciudades.

La noticia era la siguiente: La policía de Roma  comunicaba que dos agentes se habían desplazado en un día indeterminado de la semana del 8 al 14 de agosto, a un domicilio en la zona de Appio, por haber recibido una llamada de unos vecinos que escucharon gritos y llantos que provenían de la casa habitada por dos ancianos, Jole, de 84 años, y su marido, Michele, de 94.

 Los policías acudieron ante el temor de que la pareja de ancianos habieran sido víctimas de la delincuencia, pero el matrimonio les informó que lloraban porque les había emocionado ver historias tristes en las noticias. Además, la pareja que lleva 70 años casada afirmó que no habían tenido visitas durante mucho tiempo y se sentían profundamente solos.

Los agentes de policía se conmovieron ante la situación de desamparo de la anciana pareja y, después de pedirles permiso para buscar en la despensa, les prepararon un  sencillo plato de pasta mientras esperaban a que llegara una ambulancia para que examinaran el estado de salud del matrimonio y, mientras los ancianos comían, estuvieron charlando con ellos.

La soledad en la que vivía el matrimonio se vio aumentada por la salida de vacaciones de los vecinos o conocidos, lo que pudo más sobre su estado de ánimo y los llevó hasta la desesperación que se manifestó en las lágrimas que derramaban de angustia y soledad. No habían sido víctimas de una estafa, ni de la violencia ajena, solo era la soledad y la falta de calor humano que notaban a su alrededor las que les llevaron hasta la más absoluta desesperación y les hizo llorar tan fuerte que los vecinos que los oyeron creyeron que eran víctimas de algún tipo de agresión.

La sola compañía de los agentes y el gesto cariñoso de prepararles un sencillo plato de pasta les calmó porque encontraron en ellos la compañía, la atención y el calor humano que echaban en falta. Hay que desear que su soledad se haya visto arropada, a partir de ahora, por una mayor atención de los servicios sociales y de sus propios vecinos, además de sus posibles familiares, al conocer esta historia de soledad y desamparo.

Las redes sociales se hicieron eco y les llovieron a los ancianos palabras de consuelo y ofertas de amistad, lo que está muy bien, pero no resuelve nada la compañía a distancia a unas personas que, por edad, no tendrán acceso a internet ni interés por las nuevas tecnologías.

Estos gestos altruistas de apoyo y solidaridad son encomiables y deseables, pero olvidamos, muchas veces, que, además de las noticias tan emotivas como esta que aparecen en las redes sociales y en la prensa, a nuestro lado existen personas de carne y hueso, con nombre, apellidos y rostro, al que vemos con mayor o menor frecuencia, que esconden igual soledad, angustia y desvalimiento, aunque pasan desapercibidas porque sus casos no salen en los medios de comunicación y, por tanto, no ejercen la atracción que suscita todo lo que es publicado y, por ello, notorio y conocido.

Esos otros casos reales que están cerca son los que nos deberían preocupar por ser los únicos en los que podríamos participar directamente para ayudar en lo posible, nos pasan desapercibidos porque no nos interesan las vidas ajenas, las cercanas y, por lo tanto, poco interesantes en su cercanía, en su cotidianidad. Carecen del marchamo de noticia que tienen los otros casos similares que aparecen en la prensa y en las redes sociales, creando expectación, interés y solidaridad.

Pero habría que preguntarse si son las personas que encarnan dichas noticias y sus problemas los que en realidad interesan y preocupan, o es el medio en el que se transmite la noticia y la consecuente notoriedad que le otorga -como en el caso del matrimonio italiano-, el que suscita el interés, más mediático que humano, porque lo que interesa es estar "allí" donde se produce la noticia y esta salta a los diversos medios de comunicación, entre los que destaca internet y su reclamo para quienes buscan ser parte integrante de las noticias por eso de "los diez  minutos de gloria que todo ser humano debe tener en su vida", como afirmaba Andy Warhol

No nos engañemos con esta solidaridad a distancia y mediática. Los ancianos protagonistas de esta noticia tenían vecinos, conocidos, algún familiar más o menos lejano, y a ninguno le importó lo más mínimo su soledad, su angustia y su desamparo. Sólo cuando salió la noticia y se hizo viral, entonces cayeron en la cuenta de que eran los mismos ancianos a los que veían salir a hacer la compra, darse un paseo o, simplemente, no salir nunca de casa, lo cual es mucho más preocupante. Si no hubieran sido noticia los dos hubieran muerto de esa soledad y desesperación que sufrían porque, al no salir en los medios, no eran de ningún interés para quienes les debieron dar su compañía, apoyo y comprensión mucho antes de que tuviera que ir la policía ante su llanto desgarrador que alertó a los vecinos. Ninguno de ellos fue tampoco a ver qué les pasaba, sólo llamaron a la policía por eso de no "meterse en problemas".

En Madrid viven 400.000 ancianos solos, muchos de ellos aparecen en las noticias cuando ya es demasiado tarde porque los vecinos llaman a la policía por el mal olor que sale del piso del anciano/a o, bien, porque no lo ven desde hace mucho tiempo, lo que es menos usual en cuanto al número de llamadas, pero igual de preocupante. Cuando llegan los servicios sociales el anciano está muerto desde hace días, semanas e, incluso, meses. La llamada debió haberse hecho antes a la puerta o al teléfono del anciano para preguntarle si se encontraba bien o necesitaba algo. Sólo cuando ya es demasiado tarde surge la solidaridad, la preocupación por el otro, por el vecino al que ni siquiera se conoce y que, por eso mismo, puede estar muriéndose de enfermedad, pero, también y sobre todo, de soledad, angustia y desesperación, porque sabe que no importa a nadie y que nadie vendrá a tenderle una mano, ofrecerle apoyo,  compañía o el afecto que necesita.

Siempre se justifica la indiferencia de unos con otros, especialmente en las grandes urbes donde nadie se conoce, por el respeto a la intimidad y privacidad ajenas, decimos. No nos engañemos, lo único que nos mueve a esa indiferencia, lejanía y desinterés, es nuestro propio egoísmo y el deseo de que los problemas ajenos no nos salpiquen porque ya tenemos bastante con los propios. Como dice el refrán "ojo que no ve, corazón que no siente", por eso vamos ciegos, sordos y mudos ante el sufrimiento ajeno, ante la soledad del otro, ante su fragilidad humana que, olvidamos, es la nuestra y esa misma vulnerabilidad nos puede poner más tarde, cuando menos lo esperemos, en la misma situación de esos dos ancianos que lloraban de soledad y tuvieron que salir en la prensa y en las redes sociales para que supiéramos que existen y que necesitaban calor humano y compañía. Lo mismo que necesitan millones de seres anónimos que, por eso mismo, nadie ve, ni escucha ni apoya.

Para recibir atención, apoyo, compañía y afecto hay que salir en los medios de comunicación. Si no es así, somos invisibles para los demás, esos que se vuelcan con los que sufren en otra parte del mundo por lejana que sea, pero se les olvida el vecino, el conocido, el familiar cercano o lejano que, por no ser noticia, no cuenta, no existe y a nadie importa.

  

sábado, 31 de octubre de 2015

Delincuentes solidarios


Aunque este blog trata sobre temas
Panorámica del accidente del autobús de presos
relacionados con los sucesos que conmocionan a la opinión pública por su gravedad y dureza; también tienen cabida en él las noticias que, por su índole, parecen abrir un resquicio de esperanza sobre la condición humana que surgen, precisamente, en lugares insospechados y protagonizados por quienes por su condición, antecedentes o características, menos se puede esperar de ellos tales conductas que les honran y demuestran que en el fondo de cada ser humano, por maleado que esté, siempre queda un resto de humanidad y empatía que se pone de manifiesto en situaciones como la que a continuación se narra:

Cuando el 11 de agosto pasado, un autobús penitenciario que transportaba a 50 presos que regresaban a la cárcel después de un día de trabajo y circulaba por una carretera interestatal de Arizona chocó contra un camión, quedando el autobús volcado, al igual que el camión que ya lo estaba cuando se produjo el accidente, los prisioneros saltaron a la carretera pero no para huir, aprovechando el caos que se produce en esos momentos, sino para ayudar a los heridos,  pues los ocupantes del autobús que quedaron ilesos permanecieron en el lugar del accidente para atender y ayudar a  múltiples afectados, entre los que se contaban veinte de sus compañeros, además del conductor de dicho autobús que quedó gravemente herido: 

Se quedaron en el lugar del accidente, ayudando a realizar los primeros auxilios hasta que llegaron las diversas ambulancias y la policía, desaprovechando la oportunidad que les había brindado el azar para poder huir, esperando tranquilamente mientras ayudaban a que los recogieran a todos, tanto a los heridos del autobús y del camión, como a los presos que resultaron indemnes para llevarlos de nuevo a prisión.

Naturalmente, se podría pensar que ayudaban a sus compañeros, pero quien está privado de libertad, como demuestra la casuística, a la hora de intentar recobrar la libertad perdida antes de cumplir el tiempo total de la condena, no atiende a consideraciones de compañerismo si puede salir huyendo, aprovechando cualquier oportunidad que se le presente por azar, o bien, por su propia astucia y esfuerzo para conseguir cualquier medio que le ayude a huir de la justicia y del cumplimiento íntegro de su condena.

El gesto de altruismo que tuvieron los presos que resultaron indemnes, al quedarse ayudando a los heridos y esperar a las ambulancias y a la policía que fueron alertados del accidente, demuestra que entre quienes cumplen condena por sus actos delictivos también existen personas en las que el altruismo, la generosidad y la empatía se manifiestan en casos que requieren estas cualidades humanas. 

Y esta noticia asombra doblemente en esta sociedad en la que es demasiado frecuente, desgraciadamente, que quienes presencian un accidente en carretera salen huyendo para no verse implicados en él o sufrir algunas molestias consecuencias: ayudar a los heridos, llamar a la policía, testificar al respecto, etc.. Y digo doblemente, porque los presos que se quedaron a ayudar a los heridos son delincuentes convictos que desaprovecharon la oportunidad de huir, por lo que lo que no sólo obviaron las molestias y el esfuerzo de atender a los heridos después de una larga jornada de trabajo, aunque sabían que una oportunidad igual para huir no se les presentaría por ese curioso azar que parece hilvanar las oportunidades al destino humano; sino que su propia condición de convictos pareció unirlos en un mismo propósito a los treinta presos que resultaron ilesos, ya que ninguno tomó la iniciativa en solitario de salir huyendo. Actuaron como si una extraña cohesión de compañerismo responsable les obligara a quedarse ayudando a sus compañeros heridos, aún sabiendo las consecuencias que eso tendría para ellos que no eran otras que su vuelta irremediable a la cárcel, sin que su gesto de solidaridad pudiera alterar su previsto destino carcelario, ni menguara su condena.

Este gesto de solidaridad choca en una sociedad en la que, muchas veces, quienes son meros testigos de un accidente salen huyendo del lugar para evitarse molestias y problemas, además de ahorrarse el tiempo que todo ello conlleva. Y lo peor es cuando quien sale huyendo es el causante del accidente que lo hace por el miedo a las consecuencias penales, civiles y económicas que le puedan resultar de estar implicado en el accidente, sobre todo si se ha producido por dolo o negligencia imputable a su propia actuación.

Es siempre alentador comprobar la solidaridad manifestadas por esos convictos solidarios, quienes no tenían nada que ganar y sí mucho que perder -como es la preciada libertad-, por lo que decidieran unánimemente quedarse a ayudar y a esperar a que llegaran a recogerlos tanto a los heridos como a ellos mismos, como si la deuda a pagar a la sociedad que suponían sus respectivas condenas no fuera suficiente y quisieran mostrar su solidaridad con las víctimas del accidente en un plus de altruismo. 

Esta altruista actitud muchas personas, supuestamente honorables y sin tacha alguna, hubieran obviado huyendo del lugar del siniestro como almas en pena, sin sentir la más mínima empatía  hacia quienes quedaran heridos, porque la única pena que tendrían que cumplir por la falta de auxilio cuando no hay pruebas que la demuestre, sería la que les impondrían sus propios remordimientos, en el caso hipotético de que los tuvieren, a pesar de que éstos, muchas veces, se encuentran ausentes del ánimo de quienes carecen de solidaridad, de antecedentes penales y también de conciencia.

Es por ello que hay que destacar noticias como estas que demuestran que "ni son todos los que están, ni están todos los que son", en referencia a la cárcel y sus ocupantes, pues en prisión hay personas de todas las calidades humanas, al igual que sucede en la propia sociedad libre, en la que también hay seres desalmados aunque no hayan infringido la ley o la hayan hecho con pericia para no ser descubiertos y condenados. 

No es cuestión de infringir o no la ley a secas para ser decentes y buenos ciudadanos, sino de respetar siempre la ley natural no escrita que late siempre en el corazón de cada ser humano para poder ser llamado tal y no  un simple ser racional desprovisto de toda humanidad que es lo mismo que ser un desalmado.

viernes, 31 de julio de 2015

Acoso mortal





Todos los tipos de acoso son una agresión psicológica a la víctima que, por su duración, características, identidad de la víctima y relación existente entre acosador y acosado puede tener tintes dramáticos, siniestros y, como en el caso a tratar, mortales, porque antes de que se produzca la muerte física del acosado, si es que esto sucediera, casi siempre por suicidio para no seguir soportando el sufrimiento atroz que conlleva ser acosado y la destrucción psicológica que eso supone, ya ha muerto psicológica y emocionalmente con anterioridad, sobre todo si el acoso ha durado demasiado tiempo y se ha producido de forma constante, repetida y sin descanso y de todas las formas en las que se puede acosar a una persona: llamadas telefónicas, mensajes, visitas constantes al lugar de trabajo, estudio o al propio domicilio del acosado, injurias verbales, amenazas más o menos veladas, burlas, humillaciones y un largo etcétera que sólo la víctima de tal práctica canallesca puede llegar a avalorar en cuanto al daño que le ha inferido tal acoso y el sufrimiento que le ha causado.

El caso que ahora se expone es una muestra más del horror que puede vivir una víctima acosada por quien antes había sido un ser cercano y querido como es una expareja.

Este el trágico caso de Sara Calleja, acosada por su expareja durante dos años lo que le llevó al suicidio el 10 de julio pasado, arrojándose por una ventana desde un segundo piso. Madre de dos hijos de un primer matrimonio, confió en un amigo de la infancia que surgió después de su divorcio y con el que marchó a Bélgica, país en el que su nueva pareja residía, ante las promesas de que él tenía contactos y podría ayudarla. Después la evidencia trágica de haber caído en la trampa de todo maltratador fue innegable a través de control absoluto, celos, enfados injustificados, zarandeos y hasta llegar a encerrarla en casa bajo llave.

En 2013 lo abandonó y volvió a España, pero el acoso en forma de continuos mensajes, centenares y diarios al buzón de email, al postal, al telefónico;, sms, llamadas telefónicas pidiéndole que volviera y le perdonara y mil promesas de arrepentimiento .tan falsas como su buena intención, se incrementaron, hasta el punto de que, al no contestarle, empezó a enviar los mensajes a la madre de ella, anciana de ochenta años, y a amigos de Sara también, además de hacerle continuas amenazas veladas, algunas, y otras explícitas con lenguaje soez y ofensivo tales como:” «Ojo por ojo, te voy a destruir la vida»; «guarra, zorra, hija de puta» (sic).

En total 19 denuncias y una condena de 9 meses que cumplió él por acoso. La primera venganza en forma de denuncia por parte de él hacia ella presentada en el INEM, porque las exposiciones de acuarelas que ella hacía en León y en las que no vendía nada le supusieron una deuda de más de 18.000 euros por cobro indebido del subsidio de desempleo de 400 euros mensuales que Sara recibía y que, para pagar dicha deuda, tuvo que alquilar habitaciones en su casa y, más tarde vender el piso de protección oficial que había adquirido años antes. Todo ello le hizo sentir fuertes sentimientos de culpa por haber provocado una situación tan difícil, tanto a su madre como a sus hijos, por culpa de la relación que mantuvo con el acosador que le destruyó psicológicamente.

Sara continuaba recibiendo mensajes amenazantes que iban teniendo cada vez mayor intensidad y siguió denunciando porque «Que tiene miedo, que está aterrorizada», se puede leer en las denuncias presentadas. A pesar de obtener órdenes de alejamiento fueron incumplidas por su acosador. Seguían las amenazas: «Vayas donde vayas, estés donde estés, te encontraré», «evitame una desgracia para Navidad», «tengo todo el tiempo del mundo, Sara» y, finalmente: «Esto es muerte asegurada».

Después de cumplir su acosador la pena de nueve meses de cárcel, salió de prisión y ella se marchó a Ibiza, tratando de huir de él, pero no le sirvió de nada. Él la perseguía igualmente con la misma saña y empecinamiento propios de todo depredador humano. 

Sara llegó a tomar más de 200 pastillas pero pudieron salvarla. Después de la rehabilitación empezó a tener un poco de esperanza de que la pesadilla terminara. Sin embargo, el 13 de julio pasado, dejó una carta a la jueza de Violencia de Género de León en la que le decía: «Estoy muy cansada y necesito descansar. Mi vida es insoportable»

El acosador, cualquiera de los individuos que forman este miserable grupo de desechos humanos, intenta destruir psicológicamente a la víctima para ella misma pueda llevar a cabo el fin perseguido por el canalla que la acosa, y que no es otro que la destrucción física y psíquica del acosado, sin que el acosador se tenga que manchar las manos de sangre para conseguir su objetivo, el que alcanza en una ejecución limpia, impersonal y derivada de la que es auténtico autor mediato, pero sin que pueda ser condenado por la muerte del acosado, a no ser que existan pruebas que puedan imputarle directamente la muerte de la víctima.

La Justicia no puede dar protección eficaz a todas las víctimas de violencia de género como se llama a este fenómeno que va en aumento de forma exponencial, en una cultura machista en la que la frase “la maté porque era mía”, tiene muchas y diversas variantes, desde el asesinato hasta la inducción al suicidio como ha sido el caso de Sara que demuestra, una vez más, la atroz indefensión de las víctimas de acoso ante la indiferencia de quienes las rodean porque, muchas veces, no creen que pueda tener tan fatales consecuencias como las de este caso al no creer capaz a los miserables individuos que llevan a cabo tan execrable conducta de poder destruir a la víctima física o psicológicamente, o ambas a la vez, ya que parecía “una buena persona”. 

La muerte de Sara, que se vio impotente y a pesar de las continuas denuncias y demanda de ayuda, entre el miedo, la soledad y la angustia, ante la maldad continuada a la que estaba siendo sometida en un terrible acoso que acabó con sus ganas de vivir, debe ser un aldabonazo en las conciencias de todos, de la sociedad en su conjunto y de las propias Fuerzas de Seguridad del Estado, Jueces y legisladores para que sujetos como el acosador de Sara puedan ser condenados no sólo a más tiempo de cárcel, sino a un alejamiento efectivo de la víctima que debe recibir el apoyo psicológico, legal, policial y social para que no se encuentre sola ante el peligro, a pesar de sus continuas demandas de socorro y de ayuda que la sociedad, una vez más, no ha podido darle hasta que, una vez ocurrido el suicidio de la víctima acosada, sale la noticia en los medios de comunicación como la certificación fatal y crónica de una muerte anunciada a la que nadie quiso prestar atención. Quizás, porque estos casos, por abundantes y repetidos, empiezan a convertirse en un fenómeno social tan habitual y cotidiano al que nadie presta atención por la costumbre reiterada de las muchas decenas de muertas que cada año pasan a engrosar la larga y vergonzosa lista de mujeres asesinadas por la violencia machista, por la barbarie y la sinrazón de quienes, por sentirse dueños de la vida de sus mujeres, intentan acabar con ellas antes de ser abandonados. Triste verdad, terrible y siniestra, para vergüenza de toda una sociedad en la que los derechos están recogidos y amparados legalmente sobre papel, pero sin aplicación eficaz en la realidad en la que las víctimas se amontonan sin que nadie haga algo que las ayude, las redima y las salve.

Pobre mundo, supuestamente civilizado, es éste, en el que los hombres demuestran, en comparación con todo el reino animal, que son los únicos machos que maltratan a la hembra de su especie.

domingo, 22 de marzo de 2015

Morir matando

Ana Alejandre

            Cuando se estrelló el Airbus A320 de la compañía Germanwings, de vuelos de bajo costo, en el que viajaban 150 personas incluida la tripulación, y de los que 50 pasajeros eran españoles, todos nos estremecimos de horror ante lo que se suponía que era una catástrofe aérea en la que habían muerto todos sus ocupantes al estrellarse el avión en los Alpes franceses, al lado de una pequeña localidad que tiene menos habitantes que los fallecidos en tan terrible suceso.
            El vuelo había partido desde Barcelona el pasado martes, 24 de marzo, destino a Dusseldorf , con un poco de retraso y la primera parte del vuelo, hasta que abandonó el espacio aéreo español, se realizó con total normalidad.  Pero la fatalidad se puso de parte del copiloto, Andreas Lubitiz, de 27 años, y de su terrible plan cuando el comandante tuvo que salir al servicio y dejó al mando al copiloto, quien una vez solo cerró por dentro la puerta de acceso a la cabina e impidió que el comandante a su regreso pudiera abrirla con la clave que sólo conoce el personal a tal fin, a pesar de su reiterado intento, incluso utilizando un hacha para derribar la puerta que es blindada sin conseguirlo, a pesar de sus continuas y desesperadas llamadas al copiloto para que abriera.
            Era el momento en el que el copiloto, ya al mando del avión, pulsó el botón «Flight Monitoring System» (Sistema de Control de Vuelo) que hace descender el avión, lo que provocó la bajada, en sólo diez minutos, desde los 10.000 metros hasta estrellarlo contra un talud a unos 2.800 metros de altura, a 800 kilómetros por hora, en una tranquila zona de los Alpes, quedando pulverizado su fuselaje, personas y equipajes sobre un espacio de cuatro hectáreas de esa zona de laderas resbaladizas e inestables y de acceso difícil. Murieron en el acto  todos los ocupantes del aparato, del que el trozo más grande que ha quedado es del tamaño de un coche.
            Al principio, todo hacía indicar que había sido un accidente por un fallo técnico, o bien, por alguna causa desconocida que tendrían que averiguar a través de la escucha de las dos cajas negras en las que se encontraría la clave de tan terrible siniestro, porque la climatología en esa zona y momento era benigna. La sorpresa fue sobrecogedora al oír los intentos del comandante para abrir la puerta de la cabina de mando y volver a su interior y el silencio con  que el copiloto oía sus llamadas sin hacer caso, después de haber dejado bloqueada la puerta con sólo apretar un botón desde el panel de mandos, por lo que ni siquiera quien conoce la clave para entrar puede accionarla desde el exterior.
            Estos datos hicieron comprender que lo que parecía un fatal accidente fortuito, era un intento del copiloto de morir  matando a las 149 personas inocentes, pasajeros y el resto de la tripulación, que viajaban completamente ajenos a la tragedia que se les avecinaba por la decisión personal de quien, por su insania mental, quiso suicidarse, pero llevándose consigo a quienes le acompañaban en tan fatídico viaje sin regreso.
         La exnovia del copiloto ha dicho que se encontraba sumido en una profunda depresión y que se sentía "quemado" en el trabajo, porque su aspiración era llegar a ser comandante, aunque para eso le faltaban horas de vuelo para completar las 600 que se exige en Europa para ser comandante de un avión comercial (en EE.UU. son 800 tanto para el comandante como para el copiloto). Es decir, el joven copiloto no esperaba a tener las horas necesarias  de vuelo para ascender, ya que estaba imbuido de estas ideas reinantes en la sociedad actual de "todo aquí y ahora", en la que el esfuerzo y la constancia como únicas vías legítimas para alcanzar los proyectos personales se han desvalorizado hasta convertirlos en algo inútil y sin validez para quienes quieren triunfar rápidamente, aunque le falten los conocimientos, la experiencia y la capacitación necesaria para ello, aunque sea a costa de poner en peligro la vida de quienes confían que están en buenas manos de profesionales responsables.
            La prensa acaba de publicar que, según los expertos en psiquiatría consultados, Andreas Lubitz podría padecer una "patología mental muy oculta que las pruebas psicotécnicas no habrían detectado". Esto es aún más estremecedor, porque entonces cabe la duda de que puede haber otros muchos comandantes o copilotos en las diferentes líneas aéreas que también padezcan dichas patologías mentales ocultas, con el peligro que ello representa.
            Parece ser que Lubitz ha estado durante mucho tiempo sometido a tratamiento por sus ideas suicidas y agresivas. Con este historial médico previo cualquier ciudadano se pregunta cómo es posible que ante esta situación de enfermedad mental que tiene el protagonista de este terrible suceso, pueda haber obtenido la licencia para ser piloto comercial y contratado por una compañía aérea.
            La policía descubrió en la casa donde vivía con sus padres una baja médica que estaba rota en pedazos y que nunca llegó a poder de la  compañía Germanwings, porque era el propio interesado el que tendría que haberla hecho llegar a sus superiores. Eso indica que estaba ocultando los datos de su enfermedad psiquiátrica a su empresa contratante, por la posibilidad de que le dieran de baja por dicho motivo.
            Sin embargo, había intencionalidad en lo que ha realizado a raíz de conocerse que también afirmaba en su círculo íntimo que iba a "cambiar el sistema", cuando no repetía lo de que "haría algo por lo que  su nombre pasaría a la historia ".
            Aunque son los expertos en psiquiatría quienes tendrían que dilucidar cuáles fueron los motivos concretos de su siniestro proceder,  está claro que fue algo premeditado y no producto de un trastorno mental transitorio, porque la respiración de Lubitz, que se escucha en las grabaciones de las cajas negras, es normal y su comportamiento antes de que el comandante saliera de la cabina de mando lo era igualmente, tal como se oye en la grabación de la conversación mantenida con su superior en un tono completamente calmado y con monosílabos, sin que estuviera agitado o presa de una crisis psicótica que le hiciera perder el control. Tampoco respondía a las llamadas de la torre de control que le advertía de la veloz bajada desde la altura de 10.000 metros en tan sólo diez minutos, lo que indica su intencionalidad de estrellar al avión y morir en un acto homicida que ha provocado 150 víctimas que tuvieron la mala fortuna de cruzarse en su camino con alguien que, quizás por odiarse a sí mismo y de ahí sus tendencias suicidas y agresivas,  no podría  sentir empatía ni considerar semejantes al resto de los humanos a los que "cosifica", cuando es posible que se sintiera un extraño a sí mismo al que deseaba destruir y, por ende, esos  desconocidos con quienes coincide y tiene bajo su control también deben perecer .
            No es el primer piloto que se suicida estrellando el avión y matando a centenares de personas. Ni será el último, por desgracia. Sin embargo, todo esto tiene que hacer cambiar los parámetros que se utiliza en la aviación comercial para seleccionar, controlar y evaluar constantemente a quienes tienen tan gran responsabilidad  en sus manos, y poder evitar que otras personas con la misma patología que Lubitz puedan decidir cuándo, cómo y dónde poner fin a sus vidas, pero llevándose consigo a otras muchas que viajan confiados en la pericia y el sentido de la responsabilidad de quienes se convierten en sus verdugos.
            Ahora se intentará meter el  lavabo dentro de la cabina para que haya siempre en ella dos personas responsables de los mandos del avión, pero siempre la mente humana es capaz de saltar cualquier barrera cuando quiere llevar a cabo su decisión que se ha convertido en una idea obsesiva y de fatal e inexcusable cumplimiento.
            El miedo a volar se acrecienta en estos momentos en quienes ya lo padecen y se inicia en los que nunca lo tuvieron. Estos sucesos ponen de manifiesto la fragilidad, la vulnerabilidad y la impotencia de los seres humanos, especialmente cuando ponen sus vidas en manos de otros que no están sanos mentalmente (o tienen fanatismos de cualquier tipo que es otra forma de enfermedad mental), porque nos damos cuenta todos que no son las máquinas las  más peligrosas, por fallos técnicos o cuestiones imprevisibles, sino que se vuelve a demostrar que el hombre, ese gran depredador, es el mayor peligro para sus semejantes, al que no hay forma de  predecir, cuando su finalidad es morir matando.
             

miércoles, 30 de julio de 2014

El pederasta de Ciudad Lineal


AnaAlejandre                                                                                                                           
Retrato robot del supuesto pederasta buscado
por la polícía

                
     La pederastia, esa terrible lacra que sufre la Humanidad desde sus albores, con mayor tolerancia en unas épocas y culturas que en otras, es ahora noticia diaria en la prensa nacional, protagonizada por el sujeto que ha raptado y violado a varias menores en Madrid -niñas entre 5 y 10 años todas ellas-, y después de abusar salvajemente de dichas criaturas, las abandona en cualquier lugar público bajo los efectos de los sedantes que les ha dado para cometer sus actos repugnantes, sin olvidar lavarlas con sumo cuidado antes de dejarlas en libertad, para así borrar todo resto biológico del cuerpo de sus víctimas que pueda delatarle.
      El perfil psicológico y físico que ha realizado la policía -se muestra el supuesto retrato robot de dicho pederasta y que aparece al margen de este artículo, ofrece los datos de ser un varón, entre 35 a 40 años, alto y corpulento pero de rostro fino, pelo castaño y ojos oscuros. Puede estar casado o separado, pero la policía cree que no tiene hijos, además de que posee conocimientos criminológicos por su modus operandi. Las niñas secuestradas han dado datos de su físico y de su coche, un modelo utilitario pequeño, blanco o gris, lo que ha llevado a la policía a rastrear, uno por uno, a más de 78.000 vehículos que tienen dichas características.
     El último de los secuestros sucedidos en Canillas, no corresponde del todo al método utilizado por el pederasta autor de los reiterados secuestros y abusos, por el tiempo que ha durado el mismo, alrededor de una hora, y por el hecho de no haberla lavado después, en contraposición a los casos anteriores en los que las niñas estaban en su poder alrededor de cinco horas, de las que permanecían dormidas -por los tranquilizantes que les daba- prácticamente todo el tiempo, lo que les ha evitado vivir conscientemente las salvajadas que les ha realizado el canalla que las secuestró, aunque están seriamente afectadas psicológicamente por el trauma vivido. Esto lleva a pensar a la policía que el pederasta puede no ser uno sólo, sino dos o más individuos en cometer tales vilezas.
       España ocupa el deshonroso primer puesto de tráfico ilegal de pornografía infantil de toda Europa, por lo que cada vez son más frecuentes las grandes operaciones contra la pederastia, pero no sólo en territorio español, sino también en diferentes países. Sólo en España se llegaron a registrar 1990 redes de pederastas en 2004. Dichos delitos utilizan internet como vía de ejecución y propagación de su asqueroso material en la escalofriante cifra de un 89%. Lo cual indica la gran importancia que para pedófilos y pederastas -los primeros son consumidores de pornografía infantil, aunque no cometan abusos de menores; los segundos pasan a la acción, cometiendo secuestros, abusos y, en muchos casos, asesinatos de los menores que han elegido como víctimas-.Por este motivo, los policías que investigan el caso del pederasta de Ciudad Lineal, como se le llama en los medios de comunicación, están tratando de averiguar si el pervertido sacó fotografías de los abusos a los que sometió a las diferentes niñas secuestradas, con el fin de exponerlas en los repugnantes sitios donde se juntan y se comunican estas ratas de cloaca, a fin de poder averiguar su identidad si dichas fotos estuvieran expuestas en la red.
        En España se están produciendo continuamente casos repugnantes de pederastia. No hay que olvidar el caso de Torres Baena, el profesor de Kárate de Las Palmas que abusó de una cincuentena de niños a los que "enseñaba" a hacer más cosas que las posturas y golpes de kárate. También el caso del colegio Valdeluz, en el que el profesor de música fue denunciado por varias de sus alumnas y que está en pleno juicio. Y en los últimos días, han detenido a un joven por abusar de sus dos hermanos aún niños repetidamente, abusos que grabó para ofrecerlos en las redes de pederastas a los que era asiduo.
La labor de investigación policial es importante, pero la colaboración ciudadana es imprescindible. Esta necesidad se puso de manifiesto en el caso al que se podría llamar "del buen ladrón", protagonizado, en Jaén, por un ratero que se había introducido en un piso para robar y descubrió una serie de cintas de vídeo. Las miró para comprobar si merecían la pena llevárselas y se encontró asqueado con las repugnantes imágenes del dueño del piso abusando de cuatro menores que había grabado en video. Se llevó las cintas y las dejó debajo de un coche, avisando a la policía, diciendo lo siguiente: "He tenido la desgracia de que han caído las cintas en mis manos y me veo en la obligación de presentarlas dejando que ustedes hagan su trabajo y puedan meter a ese... en la cárcel de por vida". Más tarde, se entregó voluntariamente.
         Este caso debe servir de ejemplo para quien sospeche de un familiar, amigo, compañero o conocido, sobre las posibles acciones de pederastia que pueda llevar a cabo y lo denuncie, porque las víctimas inocentes que van a ser marcadas de por vida, como demuestran las estadísticas de niños y niñas abusados que presentan trastornos psicológicos de por vida, depresiones e intentos de suicidio logrados o no, no pueden quedar en manos de quienes, por enfermedad o depravación, no pueden estar en esta sociedad cometiendo sus canalladas impunemente, amparados en el supuesto anonimato que da la red -donde contactan con menores a los que acosan para conseguir sus sucios propósitos-,o fotografiando a niños de forma obscena en la intimidad, miembros de su propia familia o hijos de amigos, alumnos, etc., con o sin abusos previos, y mostrando demasiado interés por todo lo relacionado con imágenes más o menos eróticas infantiles.
        Quien sospeche de alguien de su entorno con evidencias suficientes, debe cumplir con su obligación de ciudadano con conciencia moral y alertar a la policía de dichas evidencias o hechos que son potencialmente peligrosos para los menores que estén al alcance de los depredadores sexuales que son los pedófilos y pederastas, unos miserables que no pueden andar sueltos hasta que sean descubiertos demasiado tarde, cuando ya han destrozado la vida de los inocentes que hayan caído en sus manos.
      Por último, recuerdo lo que el psicólogo Javier Urra, ex Defensor del Menor de Madrid, y experto en este gravísimo problema, dijo en una entrevista reciente sobre la única salida ética que les cabe a los pederastas reincidentes y violadores, de los cuales muchos de ellos son irrecuperables, según la propia psiquiatría, hayan sufridos abusos o no en su niñez. Estos individuos, después de cumplir sus condenas siempre demasiado leves -no existe la cadena perpetua-, para los gravísimos e irreparables daños que han causado, sólo tienen la única posibilidad ética y moral, de plantearse el suicidio. Confiesa que se lo ha propuesto así a algunos de sus pacientes que trata en su calidad de experto en psicología, por ser autores de tan terribles actos, diciéndoles: "Mírate al espejo y plantéate tu futuro y, sobre todo, plantéate si te merece la pena seguir viviendo".
        A esta inteligente pregunta sólo puede responder cada pederasta -aunque muchos de ellos son psicópatas que no pueden tener remordimientos, ni capacidad de sentir culpa-, por lo que me temo que los valores morales les deben sonar a chino, y les importa un pimiento el dolor que causan a sus víctimas, porque para estos desechos humanos, el concepto de humanidad y de respeto al otro, a los menores abusados, no lo han tenido nunca porque sus víctimas son "cosas", objetos para usar, y de los que obtener un beneficio o placer sexual sin mayores consideraciones. Si no fuera así, sólo cometerían un acto de pederastia, porque del horror que sentirían después, serían los primeros en hacerse justicia, ésa que la sociedad maniatada por las propias leyes no le puede hacer, porque antes están los "derechos" de los delincuentes y criminales que los de sus víctimas inocentes que van detrás de ellos como un trágico y sangriento reguero.