Traductor

Mostrando entradas con la etiqueta Ana Alejandre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ana Alejandre. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de enero de 2013

Un ministro de Finanzas deslenguado



Taro Aso, ministro de Finanzas de Japón.


por Ana Alejandre

            Que la prensa nos ofrece a diario noticias sorprendentes, muchas de ellas terribles y siniestras; esperpénticas, otras; indignantes. muchas, y cómicas las menos, es de todos sabido; pero las declaraciones del ministro de Finanzas japonés, Taro Aso, que aparecieron en la prensa (El Mundo/Mundo, 22/01/2013),rayan en lo increíble por el cinismo, la crueldad y la falta de respeto y de humanidad que ha demostrado el responsable de las finanzas niponas hacia todos sus compatriotas mayores de 65 años, en particular, y al resto de la  población, en general.
            Sin tener ningún recato, el mencionado político nipón ha aconsejado a sus compatriotas mayores de 65 años, que "se den prisa en morir", para no convertirse así en una carga para la economía del Japón, país que también atraviesa por una fuerte crisis, debida a la recesión económica que sufre. Estas declaraciones que han sido, además de inoportunas, improcedentes y fuera de lugar, han despertado las iras de sus compatriotas, porque la cultura japonesa es especialmente atenta al cuidado  y respeto de los mayores tradicionalmente. Además, de sus 128.000.000 de ciudadanos, la cuarta parte supera ya los 60 años, porcentaje que aumentará hasta un  40% en los próximos 50 años.
            La frase del político japonés no tiene desperdicio alguno: "Dios no quiera que ustedes se vean obligados a vivir cuando quieran morir. Yo me despertaría sintiéndome mal sabiendo que todo [el tratamiento] está pagado por el Gobierno", dicha en una reunión del Consejo Nacional sobre la reforma de la Seguridad Social y de la que se hace eco el periódico británico "The Guardian". Por si no había quedado suficientemente claro cuáles eran sus ideas sobre esta cuestión, añadió: "El problema no se resolverá a menos que ustedes se den prisa en morir".
            Hay que añadir que dicho político tiene 72 año, pero no se siente aludido por esa urgencia en morir que le aconseja a sus compatriotas mayores en la actualidad, y a los que en el futuro rebasen esa edad por lo que se sentirán ahora igualmente amenazados, porque es uno de los hombres más ricos de Japón. Ha afirmado que no está de acuerdo con los cuidados paliativos y ha escrito una nota advirtiendo a su familia que no prolongue su vida artificialmente con cuidados, en caso de llegarle el momento.
            Pero ahí no queda la sarta de despropósitos que ha podido decir sobre una cuestión tan sumamente delicada como es el cuidado de los mayores y enfermos, porque calificó como "gente de tubo" a los ancianos que no pueden alimentarse por sí mismos, y alegó que esos cuidados cuestan muchas decenas de millones de yenes cada año a la Administración nipona, por la costosa la atención que se le da a uno de esos enfermos que no se valen por sí mismos.
            Los japoneses se ha sentido dolidos e insultados por tales declaraciones de su ministro de Finanzas, ya que existen más de 678.000 hogares nipones en los que hay un mayor de 65 años, o aún mayores, lo que supone un 40% del total de los hogares japoneses. También ha aumentado el número de ancianos que mueren solos, pues el número de ellos que vivían en completa soledad es de 4.500.000, en 2010, y el número de los que murieron en sus hogares ha ascendido un 61% entre 2003 y 2010.
            El ministro deslenguado ha intentado aclarar sus palabras posteriormente, pero no es la primera vez que ha manifestado desprecio hacia los mayores de 65 años, calificándolos como  "chochos", y advirtiendo a los pensionistas  de que, según él ministro, deben cuidar más de su salud. Naturalmente, no se preocupa por el bienestar de los mayores en plan altruista, sino para ahorrar todo lo posible los gastos que originan el cuidado de las personas mayores, cosa que a él no le preocupa demasiado por su inmensa fortuna.
            Naturalmente, estamos todos acostumbrados a frases lapidarias e inoportunas de los políticos en todos los países, pero las frases del ministro de Finanzas japonés se pasa de la raya, hablando con desprecio y considerando como verdaderos estorbos y caros de mantener vivos a quienes han dedicado sus vidas a crear riqueza para su país, en sus respectivos trabajos y ocupaciones, convirtiéndolo en uno de los países más florecientes económicamente del mundo después de la II Guerra Mundial.
            Estas declaraciones hacen recordar una terrible costumbre medieval del Japón que se extendió hasta el siglo XIX, cuando en épocas de hambrunas,  en las que los hijos con padres a su cargo y con pocos recursos y menos escrúpulos aún, llevaban a sus mayores al monte Fuyiyama, especialmente al bosque de Aokigahara que está en las faldas del mismo, para que murieran allí de frío, inanición y terror, al sentirse abandonados. Ese bosque se ha convertido en las últimas décadas en un lugar preferido para los suicidas  japoneses, por lo que existen cuadrillas de vigilancia que recorren la gran extensión ocupada por dicho bosque para recoger los cuerpos de los desventurados suicidas que escogen el lugar, por su silencio y retiro, para despedirse de este  mundo.
            Habría que preguntarse que si un personaje con tanto sentido "práctico" como es el ministro de Finanzas nipón. se conformará con aconsejar a los mayores de 65 años "que tengan prisa en morir", y no aconsejará también que se practique la eutanasia con enfermos terminales de cualquier edad, por el alto coste que puedan tener los cuidados paliativos que necesitan esos enfermos; al igual que aconsejaría lo mismo para que se eliminaran a los discapacitados físicos y psíquicos, por iguales motivos económicos y su falta de productividad; al igual que a los dementes, etc., lo que recuerdan ciertas terribles prácticas eugenésicas que llevaban a cabo los nazis en la primera mitad del pasado siglo.
            Cómo es posible que un país con la sensibilidad y culto a los mayores, con la atención a la familia y sus necesidades, no exige la dimisión fulminante de un político de tal catadura que puede llegar a decir públicamente semejantes atrocidades sin que se le caiga la cara de vergüenza, considerando a quienes son de igual o menor edad que él mismo, un estorbo que convendría que desapareciera pronto, por no tener la inmensa fortuna que él posee, la falta de escrúpulos que demuestra y su innegable cariz de sátrapa para el que los seres humanos importan mientras son productivos y rentables, y dejan de tener valor alguno cuando se convierten en seres enfermos, ancianos, pero igualmente humanos y necesitados de cuidados, amor y comprensión, sin olvidar que también necesitan recibir un mínimo de agradecimiento por haber contribuido, cada uno en su medida y capacidad, al levantamiento de un país que quedó en la ruina moral y económica después de la II Guerra Mundial, y al que hicieron levantarse y convertirse en una primera potencia mundial a fuerza de lucha, coraje, esfuerzo y sacrificio.
            Lo que está sobrando en Japón, como en cualquier otro país, no son los ancianos, los pensionistas, los enfermos, los disminuidos físicos y psíquicos, es decir la población no rentable por edad o condición física, sino los políticos desalmados, inhumanos y que, a fuerza de mirar sólo por  las finanzas y sus servidumbres, confunde el valor de una vida humana con el precio a pagar para conservarla con dignidad.
             Individuos como éste en cualquier Gobierno son los que deberían tener prisa en dimitir o ser cesados fulminantemente, porque son una vergüenza para un pueblo tener dignatarios con tan poca dignidad y menos escrúpulos y por eso se la quieren arrebatar a sus compatriotas por considerarlos estorbos, por improductivos, y caros de mantener, aunque hayan sido los que han producido durante muchos más años de los que les reste de vida, para que gente como Taro Aso se hayan enriquecido y ahora los insulten impunemente.
           

jueves, 26 de enero de 2012

El coleccionista de cadáveres

                                                         


                El horror se esconde en muchos hogares, oculto a las miradas ajenas, incluso a la de los más cercanos con los que se convive -como ha demostrado la  numerosa casuística de este tipo de hechos en los que una mente enferma, o propia de psicópata, puede llegar a hacer realidad lo que afirma el dicho tan conocido de que “la realidad supera la ficción-”. Cuando esa realidad es  tan pavorosamente horripilante como la que ofrece este caso, más bien parece sacada de la mente calenturienta de un escritor de obras de terror que de la vida real.
         La prensa nos ofrece la tenebrosa noticia de que la policía rusa ha detenido, en noviembre de 2011, a Anatoly Moskvin, de 45 años, residente en Nizhny Novgorod, quien desenterraba cadáveres y los vestía con ropas femeninas, además de colocarlos en su propio domicilio como muñecas de tamaño humano con los que convivía con total naturalidad, lo que aún hace más siniestra la noticia e increíble, pero cierta, como un caso extremo de necrofilia.
            Es detenido estaba considerado el mayor experto en cementerios de la ciudad y manifestaba en público su afición por ”explorar cementerios” y  observar las distintas lápidas para  “estudiar la historia personal" de cada cadáver.
            La profesión del autor de tan macabros hechos es la de historiador local, y fue detenido, según informa el diario  Huffington Post, en el cementerio cuando llevaba encima un saco de huesos.
            Cuando la policía  llegó al domicilio de Moskvin,  halló en el mismo 29 cadáveres de mujer  -que fallecieron entre los 15 y 25 años de edad- , que se encontraban momificados y vestidos.
Las fotos de los cadáveres fueron  publicadas por el diario ruso  Lifenews.ru y  muestran a los cadáveres vestidos como si fueran muñecas. Parece ser que el detenido profanaba las tumbas siempre por las noches, y  en su casa la policía encontró, además de las macabras “muñecas”, órganos de mujeres fallecidas entre los 16 y 18 años, según los análisis practicados a dichos restos.
           Al parecer, y según las propias manifestaciones del detenido, su tenebrosa afición tuvo comienzo cuando tenía 12 años, por el hecho de pasar junto a un cortejo fúnebre de una niña  fallecida a los 11 años,  y  algunos de sus participantes le obligaron le a besar el rostro de  su cadáver.
            Naturalmente, si  todos los niños que han besado a algún familiar muerto les diera por realizar tan horripilante colección, el mundo estaría lleno de psicóticos como es el que protagoniza esta terrible noticia, porque sólo cuando hay una predisposición patológica se pueden dar casos como éste, pero no motivados por el simple hecho de haber dado un beso a un cadáver, explicación que resulta, cuando menos, increíble si no se tratara de un perturbado.
            En la noticia se advierte que fueron los propios padres del siniestro coleccionista los que dieron aviso a la policía por haber visitado a su hijo y encontraron la extraña colección de supuesta y terroríficas "muñecas" que les llenó de horror.
            Para que el lector se haga una idea del alcance de lo espeluznante que son las circunstancias que concurren en esta noticia, se acompaña una fotografía publicada en la prensa rusa de una de los cadáveres ataviados como una muñeca -a los  que colocaba  siempre una máscara-,lo que hacía para tapar los cuerpos con medias y faldas largas, a fin de que no se advirtiera la verdadera naturaleza de lo que escondían debajo.
            Terrible noticia que pone de manifiesto la insania de algunas mentes perturbadas y el horror que se puede esconder tras los muros de una aparente pacífica casa, lo que es la demostración palpable, como la punta de un iceberg que esconde mucho más debajo del agua, de la evidencia de que podemos convivir con locos, con peligrosos dementes o psicópatas –ambos términos no son sinónimos-, y sólo se  les llega a descubrir cuando el horror de los hechos se pone al descubierto por una fatal casualidad, dejando a todos, propios y extraños, sumidos en la más profunda y terrible consternación, asombro y pavor.

           

jueves, 1 de diciembre de 2011

La muerte de un inocente más



La noticia que ahora se comenta es, desgraciadamente, una más de las que aparecen diariamente en la prensa y que pone de relieve el horror del maltrato infantil, tragedia que viven millones de niños en todo el mundo y que, en la mayoría de los casos, reciben de sus propios padres, o padrastros, en el seno familiar que, en vez de ser el ámbito en el que tendrían que recibir la atención, los cuidados y el cariño de sus progenitores, es el escenario privado y letal en el que se convierten en víctimas de abusos, vejaciones y actos de crueldad inimaginable que les provocan, en muchas ocasiones, la muerte, cuando no secuelas físicas y psíquicas que le acompañan de por vida como recordatorio terrible de los abusos sufridos.
El caso de Bastien, el precioso niño de tres años que ha muerto por ser introducido en una lavadora en marcha por su propio padre como castigo por haber roto un dibujo de otro niño en la guardería a la que asistía, ha conmocionado a toda Francia, país ilustrado por excelencia, en el que, sin embargo, también se producen noticias escalofriantes como ésta, ya que los monstruos psicópatas existen en todas las latitudes, aunque tengan la inofensiva apariencia de un padre de familia normal, como es el caso del autor de tan horrendo crimen,  Christophe Champenois, de 33 años.
Bastien, la víctima de esta muerte sin sentido -si es que alguna puede tenerlo sobre todo cuando se tratan de seres tan indefensos como son los niños-, vivía en las afueras de París y, todo parece indicar que este castigo inhumano, más propio de una película de terror, lo había sufrido otras veces sin la letal consecuencia que ahora ha tenido, por ser una práctica habitual en esa familia que estaba siendo vigilada por los servicios sociales desde 2006, pero éstos no han podido, o no han sabido, evitar la tragedia que parecían anunciar los indicios o sospechas que ahora se han visto confirmados  por esta muerte atroz del pequeño Bastien.
Cuando los padres  llevaron a Bastien a los servicios de urgencia, al ver la gravedad de las lesiones sufridas y el estado que presentaba después de sacarlo de la lavadora, afirmaron que “se había caído”, pero ha sido su hermana, de cinco años de edad, la que dijo la verdad de que había sido metido en una lavadora y puesta en marcha durante algunos minutos, lo que era práctica habitual en esa familia monstruosa como medio de castigo, aunque habría que decir como síntoma alarmante de la psicopatología de los padres del desafortunado niño.
Lo más sarcástico de todo es que, según los propios servicios sociales que estaban observando el comportamiento de la familia, no había en los últimos años ningún indicio de malos tratos y afirmaban que los niños gozaban de buena salud, lo que parecía restar peligrosidad al ambiente familiar hasta que la espeluznante muerte del niño ha demostrado que esa apariencia de normalidad era solamente eso: pura apariencia, debajo de la cual se escondía la monstruosa realidad familiar en la que un castigo habitual era meter a los niños en la lavadora y ponerla en marcha como si de algo inocuo o inofensivo se tratara.
Toda sociedad, de cualquier país y cultura, tiene la obligación de proteger a los seres más indefensos como son los niños, -sin olvidar a los ancianos y mujeres que también son víctimas de abusos y malos tratos-, y no confiar sólo en las apariencias de normalidad, basándose en las declaraciones de los propios miembros de la familia que tratarán en todo momento de restar importancia a lo que sucede en el ámbito familiar, resguardado de las miradas ajenas, en la que los miembros más indefensos se encuentran solos ante el peligro de la violencia y agresividad de algunos de sus miembros más fuertes y, por tanto, más peligrosos. Por ello, éstos encuentran a su alcance víctimas propiciatorias contra las que poder desatar toda su instinto depredador, su furia asesina y su propia maldad de psicópatas ávidos de sangre que se nutren con el sufrimiento que les infringen impunemente, en la intimidad del hogar, que se convierte así en el campo de concentración en el que es posible cualquier atrocidad, cualquier crimen, porque en él imponen la única ley de su voluntad quienes no ven en los otros  nada más que el reflejo de su propia locura, de su insania mental, de la ausencia de  cualquier rasgo de humanidad.
Lo triste de este caso, como el de muchos otros, es que este niño, víctima inocente de la brutalidad de su padre y la inoperancia de los servicios sociales, estaría vivo si, ante los indicios que llevaron a vigilar a la familia en su comportamiento con los menores, hubieran tomado la decisión de quitarles la patria potestad y haber quedado en tutela los pequeños, alejándolos así del peligro que representaban sus padres, evitando  de esta forma que los hechos que sirvieron de motivo para la observación familiar se hubieran podido repetir con las consecuencias letales que ya son irreversibles. La Justicia, una vez más, llega demasiado tarde, cuando hay víctimas mortales y cuando toda actuación ya es inoperante para poder evitar hechos luctuosos que nunca tendrían que haberse producido si se hubiera actuado con mayor diligencia y menos confianza en una supuesta normalidad que estaba lejos de ser real.
El castigo al padre debería ser ejemplar, pero como siempre llega cuando la víctima está enterrada y de su tumba no podrá salir nunca más y, sin embargo, el culpable, el homicida, antes o después, saldrá de prisión, recobrando su libertad y podrá así retomar su vida normal, esa vida que le ha arrebatado a su víctima y cuya muerte quedará, una vez más, impune. Esto es la consecuencia lógica de esta sociedad  supuestamente civilizada, en la que la víctima siempre es la que tiene menos derechos y los culpables campan a sus anchas, gozando de los privilegios legales que le permiten su “reinserción”, mientras al muerto no le reinserta nadie en la vida, en la suya que le fue arrebatada por quien, precisamente, no merece estar vivo. Aunque, se puede confiar en que las instituciones penitenciarias sí velaran con cuidado y desvelo al padre para que no pueda atentar contra su propia vida, como en tantos otros casos, en un giro sarcástico, ya que no han podido velar  más eficazmente por la víctima que ahora sí que está ya a salvo, definitivamente, de la violencia asesina de su padre.

martes, 12 de julio de 2011

Facundo Cabral, asesinado




Después de  mucho tiempo sin poder escribir en estas páginas porque el tiempo es limitado y las obligaciones son muchas, vuelvo a comentar la tristes noticias que el desfile incansable de los días nos dejan como un triste tributo de dolor y muerte, esos dos inseparables compañeros de toda vida humana.
La noticia sobrecoge por lo absurdo, siniestro y trágico: Facundo Cabral, el cantante argentino, ha sido asesinado a balazos en en el céntrico bulevar Liberación de Ciudad de Guatemala por varios sicarios. El representante del artista que lo acompañaba en el momento de producirse el crimen, comentó que Cabral había recibido varios balazos y que había muerto en el acto.
Hay que destacar que Facundo Cabral estaba prácticamente ciego, padecía un cáncer y había perdido a su familia en un accidente, lo que demuestra el rosario de tragedias que ha tenido que sufrir en sus setenta y cuatro años de vida hasta que encontró la muerte a manos de unos asesinos a sueldo.
No ha sido el fatal hecho ocasionado por un error, sino algo premeditado que demuestra que fueron a matarlo a él y no a otra persona, según manifiesta el portavoz de la Presidencia, Ronaldo Robles, que afirma la intencionalidad de asesinar al artista. El país está viviendo una convulsa campaña electoral, mientras el departamento de Petén tiene declarado el estado de sitio por la presencia  del cartel de Los Zetas, lo  se suma al ya de por sí a la crispación en la que vive Guatemala.
            El presidente Álvaro Colom se manifestaba «consternado por este hecho cobarde» que ha conmocionado a toda Iberoamérica, y le manifestó sus condolencias a la presidenta argentina, Cristina Fernández, al mismo tiempo que le reiteraba el hecho de que había sido un crimen perpetrado contra el artista y que habían participado en él, al menos, tres automóviles en el que viajaban los asesinos.
            Facundo Cabral, su representante, Llanos, y el empresario Henry Fariña abandonaban el hotel Tikal Futura para dirigirse al aeropuerto de La Aurora  a fin de emprender vuelo a Nicaragua.. El conductor de unos de los vehículos afirmaba que el ataque se produjo desde varios automóviles y que el coche donde viajaba Facundo Cabral recibió más de veinticinco impactos de bala. Se está investigando, no obstante, para comprobar si el atentado iba dirigido a él o al empresario ya citado.
            Facundo Cabral había nacido en 1937 en La Plata. Su infancia estuvo muy influenciada por el abandono de su padre., por lo que madre e hijos se mudaron a Tierra del Fuego, en el extremo sur de Argentina., En Tandil (Buenos Aires), con sólo 8 años, empezó a frecuentar ambientes en los que se interpretaba la música folclórica, que fue fundamental en su estilo en el que se mezclaban la canción protesta y la reflexión espiritual. En 1970 consigue la fama, con la canción que hizo famosa “No soy de aquí no soy de allá” y a partir de entonces empezó a cantar con personajes tan famosos como Julio Iglesias, Alberto Cortez, Pedro Vargas o Neil Diamond. En 1976 se exilia a Méjico, después del golpe militar, y regresó a su país ya siendo famoso en 1984.
            Esta es una noticia lamentable por el costo en vidas humanas, pero cuando el asesinato se perpetra contra un artista que sólo ha llevado la música, el arte y la belleza a través de sus canciones, es aún más absurdamente siniestra y esperpéntica. De todas formas, este hecho luctuoso viene a confirmar el estado de convulsión política e inseguridad que se vive en toda Guatemala, con su departamento de Petén sometido al régimen miliar desde el 16 de mayo, por el asesinato por parte del cartel de Los Zetas  de 27 campesinos en el estado de La Libertad, ocurrido meses antes,  lo que también motivó la declaración del estado de sitio en el departamento de Alta Verapaz.
            La convulsa campaña electoral, en el que destaca el divorcio falso y teatrero de su presidente, Álvaro Colom, para conseguir burlar a la Constitución y que ya su ya ex esposa puede presentarse como candidata a la Presidencia, lo que ha motivado protestas y ser recurrida en los Tribunales dicha candidatura, ha decantado, según todas las encuestas, como posible ganador de las elecciones al general retirado  Otto Pérez Molina, del Partido Patriota, que ofrece como lema “mano dura”, refiriéndose a la delincuencia para hacer que la Ley prevalezca en un país que necesita la regeneración moral y legítima para conseguir apaciguar la ola de violencia y terror que ha impuesto el mencionado cártel de Los Zetas, entre otros, que ha sembrado al país de muerte, terror y que el crimen campe por sus pueblos y ciudades como única forma de someter a los pacíficos ciudadanos a sus terribles dictados.

jueves, 7 de abril de 2011

La "normalidad" y sus víctimas







                         El asesino y su víctima


La “normalidad” y sus víctimas.



Si en mi blog  Cuestión de principios había escrito recientemente sobre la inadmisible y terrible ola de víctimas de la furia homicida que arrasa muchos hogares y vidas, el pasado lunes, día 4, las páginas de los diarios y los telediarios han vuelto a mostrar la sangrienta cara del machismo en sus más crudas consecuencias: el rumano, Dorel Marcu, de 21 años de edad y sin antecedentes penales, asesinó, estrangulándola, a su pareja, de 19, embarazada de 5 meses, y mostró su cadáver a través de la webcam al padre del homicida, al que advirtió que iba a matar también a la hermana de la víctima que convivía con ellos, de 13 años, cuando regresara del colegio. La pareja vivía en Torrejón de Ardoz.
El padre del agresor, en un gesto que le honra, avisó a la policía rumana que, a través de los mecanismos de colaboración internacional, comunicó a la policía española lo sucedido que, pocas horas después del asesinato, se presentó en el domicilio donde convivía la pareja y allí encontró al homicida, a la hija de tres años de la víctima, de una relación anterior, y a la hermana menor que acababa de llegar de clase y a la que le dijo aquél que su hermana estaba dormida.
El autor de los hechos no puso ningún tipo de resistencia a la Policía, y según se supo después, la víctima le había dicho a su asesino que quería romper la relación y que el hijo que esperaba no era suyo. Fue entonces cuando se produjo la tragedia. Al parecer, y según testimonio de la madre de la asesinada, su hija era infeliz por las continuas discusiones que mantenía la pareja.
         Con esta son ya 18 las muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex, en lo que llevamos de año, lo que es una auténtica sangría mortal que pone de manifiesto la incapacidad de la sociedad para poner fin a esta lacra en la que el machismo más feroz, la brutalidad, la irracionalidad, cuando no la propia psicopatología de algunos hombres, se cobra impunemente víctimas inocentes que el único mal que han hecho es confiar en alguien que no se merece el calificativo de hombre, por ser sólo el mal remedo de una mala bestia.
Quizás la única explicación a tanta barbarie es el hecho que no hay que olvidar: el hombre es el único macho que maltrata a la hembra de su especie, según afirman ilustres naturalistas, lo que pone en evidencia que la racionalidad supuesta en ciertos individuos es sólo la máscara que encubre  instintos homicidas, ciertos y no supuestos, que sólo necesitan cualquier excusa para ponerse de manifiesto con tan trágicas consecuencias. No todos los que matan están locos, como demuestra la psiquiatría en multitud de ocasiones, pues en muchos de estos asesinos existe la más absoluta capacidad de raciocinio y saben lo que están haciendo y quieren hacerlo. En otros, los menos, ciertos factores de patología psiquiátrica, alteraciones de la personalidad y múltiples elementos perturbadores como la droga o el alcohol, pueden llevarles a cometer actos violentos de funestas consecuencias.
Son los especialistas en cada caso y después de estudios concienzudos de cada autor de tales hechos, los que tienen que dictaminar a qué grupo pertenece el acusado, y su posible imputabilidad.
Además de la noticia, de por si trágica y siniestra por su repetición cotidiana, el comentario desacertado de Salvador Sostre, el ya polémico comentarista en diversos medios de comunicación que está siempre rodeado del escándalo,  publicado en su blog de opinión en el diario El Mundo, ha levantado ampollas por la naturaleza del contenido de dicho texto, ya que pone de manifiesto, aunque su intencionalidad sea otra distinta y más prosaica, la opinión  que para muchos provocan estos hechos trágicos y que ha refrendado el autor de este desafortunado comentario       -que ha obligado al director de dicho diario  a ordenar que sea eliminado del periódico y a pedir públicamente excusas por permitir que dicha publicación de tanta tirada e influencia mediática le haya dado cabida- que tiene más de oportunismo en la redacción del escrito que deseo de justificar lo injustificable y que, para que el lector pueda conocer su contenido, se expone a continuación:

El chico rumano de 21 años que ha estrangulado a su novia embarazada, también rumana, de 19, “era un chico normal”, según han dicho de él sus vecinos y conocidos. “Discutían como cualquier pareja”, ha explicado la madre de la víctima. Después de cometer el crimen –o de presuntamente cometerlo, hasta que no se celebre el juicio- el chaval, horrorizado por lo que había hecho, telefoneó a su padre a Rumanía y le mostró el cadáver de su novia muerta a través de una webcam. 

Porque un chico normal de 21 años que está enamorado de su novia embarazada, es normal que pierda el corazón y la cabeza, el sentido y el mundo de vista, si un día llega a casa y su chica le dice que le va a dejar y que además el bebé que espera no es suyo.

Ni puedo justificar ni justifico un asesinato ni cualquier forma de maltrato tenga consecuencias más leves o más graves. No pienso que haya causas morales que puedan justificar matar a alguien, ni que puedan servir siquiera de atenuantes en el juicio. Digo que a este chico les están presentando como un monstruo y no es verdad. No es un monstruo. Es un chico normal que se rompió por donde todos podríamos rompernos

Espero que si algún día me sucede algo parecido disponga del temple suficiente para reaccionar quemándome por dentro sin que el incendio queme a nadie más. Pero me reconozco en el dolor del chico, en su hundimiento, en su caída al fondo de sí mismo oyendo las explicaciones de su novia. Me reconozco en su desesperación, muy normal y nada monstruosa: en su herida, en su desgarro. Quiero pensar que no tendría su reacción, como también lo quieres pensar tú. Pero ¿podríamos realmente asegurarlo? Cuando todo nuestro mundo se desmorona de repente, cuando se vuelve frágil y tan vertiginosa la línea entre el ser y el no ser, ¿puedes estar seguro de que conservarías tu serenidad, tu aplomo?, ¿puedes estar seguro de que serías en todo momento plenamente consciente de lo que hicieras?

Que la justicia dicte su sentencia y que sea tan severa como tenga que ser. Ante un asesinato no hay causas morales. Pero este chico no es un monstruo. Es un chico normal disparado al centro de su querer, arrancado a la vez de su novia y de su hijo, sometido a una violencia brutal que al no ser física nunca se considera pero que ahoga y machaca lo mismo que cualquier otra violencia.

Hay muchas formas de violencia. La mayoría de los que escriben y leen sobre sucesos ignoran cómo a veces el amor se convierte en escoria y en desgracia y se abraza desesperadamente a la tragedia. ”

         Naturalmente, se ha levantado un revuelo por este polémico artículo, porque se ha visto en él la apología evidente del maltrato a la mujer. Lo que ha despertado las iras de tirios y troyanos, especialmente de miembros y “miembras” del PSOE que intentan sacar baza de ese asunto, echándole la culpa al director de El Mundo, porque, al fin y al cabo, las elecciones están cercas y hay que agarrarse a lo que se pueda para desprestigiar a la oposición y al periódico que, aunque mantiene su independencia, le da caña al partido en el Gobierno por los continuos disparates, contradicciones y vueltas de timón que viene ofreciéndonos desde su llegada al poder.

 El uso del calificativo “normal”, aplicado por Sostre al autor de estos sangrientos hechos, no es más que la repetición, aunque poco apropiada según el trágico suceso, de lo que afirman de él vecinos y conocidos que no se explican lo sucedido porque es una persona “normal” en apariencia y nunca tuvo una denuncia por parte de su pareja. Ahí queda todo. Viviana Aido, la Secretaria de Estado para la Igualdad (¿de quién con quién o con qué?) poco le ha faltado para encender la hoguera donde quemar a Sostre y todos los que son sospechosos de defender lo indefendible: el maltrato a la mujer.

Quien lea el texto sin falsos prejuicios, podrá ver que no está justificando el asesinato, sino que intenta  razonar por qué supuesta “gente normal” cometen tales acciones terribles, rompiendo así una cotidiana conducta de normalidad y sin actos previos violentos que puedan explicar la sin razón de tal hecho homicida.

Como mujer que siempre se ha manifestado en contra de los malos tratos -mal llamados “de género”, y no como debe llamársele “violencia doméstica” que sufren mujeres, niños y ancianos-, no me siento indignada por un texto así, porque no deja de ser simplemente una “boutade” de alguien que busca la notoriedad y que su nombre corra de boca en boca, en una premeditada campaña auto publicitaria que le está dando los réditos que busca: que su nombre sea conocido y se hable de él en todos los medios de comunicación. Lo que me indignan son los hechos criminales contra la mujer y los demás seres indefensos y no el oportunismo de quienes quieren medrar a costa de hechos trágicos y terribles como éste. Si lo consiguen, es porque los demás se lo permitimos.

Ya dijo el Cordobés, citando sin saberlo a Oscar Wilde, en una célebre frase “Que hablen bien o mal de mí, pero que hablen”. Sostre se ha dado cuenta de que para poder ser contratado con cifras millonarias por cadenas de televisión para programas de debates, como polemista, hay que primero hacerse un caché en el que el escándalo, la polémica y el calificativo de provocador, sean los valores en alza, porque eso aumenta la audiencia. Por el contrario, si eres un comentarista más, “políticamente correcto”, que dice lo que todo el mundo espera oír y defiende lo que es normal defender, no haces carrera en el mundo de la televisión y la radio en el que el criterio que manda es la audiencia y sus servidumbres. A mayor escándalo, mayor audiencia y viceversa.

Los que se escandalizan de un artículo así, no se dan cuenta de que está medido hasta el más mínimo detalle para no tener problemas legales, lo que se demuestra  en cuanto al párrafo que dice “Ni puedo justificar ni justifico un asesinato ni cualquier forma de maltrato tenga consecuencias más leves o más graves.”  Sabía muy bien lo que decía y cuáles podían ser sus consecuencias, independientemente de la polémica y el escándalo que buscaba premeditadamente, de  lo que que parece que no se han dado cuenta los que se han hecho eco de su provocación y que han servido muy bien a sus fines publicitarios, aunque el motivo que ha usado sea trágico, execrable y merecedor de toda la repulsa hacia su autor y el respeto hacia la víctima, sus familiares, las muchas  mujeres que viven un infierno día a día y  las demás víctimas de todo tipo de violencia. Quien tiene que sentir vergüenza de esta monstruosa situación en la que vive especialmente la mujer, es la propia sociedad, todos los que la formamos,  porque es la que crea los monstruos que la ejercen contra quienes tienen más cerca y están más indefensos.

Textos como el de Sostre, desgraciadamente, que buscan sólo la simple provocación oportunista e interesada, pueden tener como efecto rebote, que muchos descerebrados se vean justificados en el uso de la violencia “por amor”, haciendo realidad esa horrible frase, desgraciadamente puesta de manifiesto continuamente, que dice “la mate porque era mía”. Y eso sí que el polémico y provocador autor ha debido sopesar antes de escribirlo, porque el fin no justifica nunca los medios, sobre todo si el fin es hacerse popular y famoso a costa del sufrimiento, la muerte de las victimas de la barbarie que él intenta explicar de forma torpe, torticera e interesada.

Y si no fuera la búsqueda de notoriedad la única motivación para escribir dicho texto inoportuno, y sí reflejara su propio pensamiento sin más, es que además de provocador ejerciente y desaprensivo, es completamente irresponsable y un peligro social porque demostraría que es verdad el dicho de "se dice lo que se piensa, se piensa lo que se hace y se hace lo que se es". En una palabra, un angelito de cuidado.


martes, 26 de octubre de 2010

Las mensajes-cadenas en Internet
















Los mensajes-cadenas en Internet


Hace unos días me llegó uno de estos mensajes con el trágico contenido de la desaparición de una niña –de la que aparecía su fotografía- en Canarias el día anterior. El mensaje contenía la descripción de las personas autoras del secuestro, la matrícula del coche y el color del mismo. Naturalmente, acompañaba  la coletilla de siempre en tales tipos de mensajes: que se le diera difusión al mismo para ayudar a la desesperada familia a encontrar pistas sobre su paradero.
Sin embargo, la fotografía de la niña supuestamente secuestrada “el día anterior” correspondía a otro mensaje-cadena de seis u ocho meses antes, dando la misma noticia de la desaparición, pero esta vez ocurrida en Francia.
Naturalmente, quienes hayan recibido dicho mensaje y otros similares (niños enfermos que necesitan ayuda económico urgente, padres de familia dispuestos a donar sus órganos a cambio de dinero para solventar el duro problema familiar, y otros similares igualmente falsos) circulan por la red con total impunidad, apelando a la buena fe de los receptores de dichos mensajes que los envían a cuantas personas pueden para ayudar a quienes parecen estar en problemas, cayendo así en la trampa de tanto desaprensivo que utilizan fotografías de personas reales, conocidas o no, para difundir noticias falsas, trágicas, y conseguir así  la rápida difusión de esas trampas en forma de “hoax”, correo basura o spam, que les permite hacerse con miles de direcciones de correo de todos los posibles destinatarios de dichos mensajes en petición de ayuda, engrosando así la fuente de ingresos de muchas empresas sin escrúpulos que venden después las listas de direcciones o las emplean para inundar los buzones electrónicos de sus propietarios con una avalancha de correo publicitario sin precedentes.
Además, está el daño causado a personas ajenas a dichas prácticas fraudulentas, como son los que aparecen en dichas fotografías, que cuando son menores hacen aún más repugnante dicha mala práctica que debe ser combatida por los propios destinatarios de dichos mensajes, ignorándolos y no ayudando a su difusión en una repetición insensata de una noticia no contrastada anteriormente y que con la colaboración de quienes quieren contribuir a una buena causa, sólo aumentan el daño a las víctimas de dicha tropelía en forma de inocuo mensaje en solicitud de ayuda. Cabe preguntarse quién será la niña supuestamente desaparecida y que sentirá su familia si ve la imagen de la misma protagonizando un  falso secuestro. La respuesta es fácil de hallar, porque sólo hay que ponerse en el lugar de dichos padres pensando que la fotografía de un familiar propio pudiera aparecer en dichos correos basura anunciando cualquier tipo de hecho dramático como suele suceder en estos casos (secuestro, enfermedad terminal, etc.,).
Hay el deber de contrastar la noticia antes de difundirla y para ello sólo hay que consultar a través de internet cualquier periódico de fecha igual o siguiente a la del supuesto hecho que sirve de base al mensaje y comprobar si aparece o no dicha noticia. Si no es así, no se le debe dar más crédito que a cualquier otro mensaje de correo basura. La buena fe es siempre necesaria en estos casos, pero no debe servir de excusa para colaborar con los indeseables que crean y difunden este tipo de noticias con la excusa del supuesto anonimato que propicia Internet y que es otra falacia igual que la que transmiten con dichos mensajes malintencionados.
La ayuda solidaria sí, pero nunca la repetición estúpida de una orden que llega a través de un mensaje anónimo, de fuente incierta aunque llegue a través de un conocido o amigo, que dice que hay que dar difusión a dicho mensaje y para ello se utilizan hasta logotipos, membretes y anagramas de instituciones públicas para darle mayor credibilidad al bulo. ¿Es que hay alguien medianamente sensato que puede creerse que las instituciones utilizan dicho medio del correo electrónico indiscriminado para dar a conocer situaciones como las que dichos mensajes anuncian?
Colaboradores solidarios con el prójimo, sí, pero no tontos manipulables por quienes saben bien qué tecla tienen que tocar para que los buenos ciudadanos actúen voluntaria y crédulamente en  beneficio de sus intereses no precisamente honrados ni solidarios.
Lo mismo sucede con los mensajes-cadenas que piden enviarlos a un número de personas determinadas, y que al ir aumentando el número de personas que los reciban aumentarán paralelamente el número de bienes o favores concedidos, aunque no se sabe quién será el benefactor que conceda dichas bendiciones, pero todo hace suponer que es Dios, a quien también han involucrado en esa memez en cadena apta para almas cándidas que creen en el milagro numérico de la repetición idiota, porque no creen en su propia capacidad de raciocinio y lógica que parece ser bastante escasa o nula..
Toda esta mensajería  en cadena demuestra que en Internet hay muchos, demasiados, crédulos en cadena, cadena tan larga y extensible como la tontería humana, la falta de criterio y la capacidad de pensar por uno mismo para no dejarse tratar como un imbécil por otros más listos que, esos sí  que son los que reciben los favores y bienes cuando atan con sus cadenas informáticas las direcciones de tanto tonto obediente y sumiso a las directrices que le llegan de no sabe quién y para no sabe qué, aunque lo importante  para ellos sólo sea seguir la cadena de envíos hacia la nada de su propia estupidez que les ata con la más firme y permanente cadena.

miércoles, 6 de octubre de 2010

El perro de un psicópata

  

Nota.- Esta imagen no corresponde al perro de la noticia, sino a un perro torturado en Méjico en 2010.

por Ana Alejandre

La noticia publicada en el periódico El Mundo, en su edición catalana, es  esperanzadora, a pesar de la terrible causa que la ha motivado.
La noticia dice que en un pueblo de Lleida, Alcoletge, concretamente, uno de sus vecinos ha sido condenado a seis meses de cárcel por haber causado la muerte de su perro, después de haberlo maltratado salvajemente para conseguir el fallecimiento del pobre animal.
Y digo que es esperanzadora porque el hecho de que un Juez haya condenado al  energúmeno que ha podido realizar tales hechos sobre un animal indefenso que, además, era su mascota, revela que algo va cambiando lentamente en la sociedad española, aunque sea gota a gota y de forma imperceptible, en cuanto la defensa de los animales, tanto en su integridad física como psíquica.
El condenado no sólo arrastro a su perro durante setecientos metros, atado a su coche por un camino que une Alcoletge y Bellvis, sino que, al ver que el animal a pesar de las gravísimas heridas que había sufrido, seguía estando vivo, lo arrojó desde un puente a la autovía, lugar en el que lo encontraron los Mossos deÉsquadra que abrieron diligencias para investigar los hechos y encontrar al culpable de semejante canallada.
Después de localizado al dueño del animal  y autor de tales hechos, la Fiscalía le imputó por un delito de malos tratos a animales domésticos. En el juicio consiguiente, el inculpado reconoció los hechos y fue condenado a seis meses de cárcel.  A pesar de ello, y teniendo en cuenta que en España nadie va a la cárcel si la pena es menor de dos años y no tiene antecedentes, le fue conmutada la pena por una multa mensual de 216 euros durante diez meses, con la advertencia de que por el retraso de uno solo de los meses, el culpable iría a prisión a pesar de no tener antecedentes.
La parte positiva de la noticia es que, por fin, se imputen a criminales como el que provocado estos hechos lamentables por haber dado muerte a un pobre animal indefenso, además de hacerlo de una forma tan brutal, inmisericorde y aterradora. La parte negativa, es que conductas así no tengan una mayor penalización que la simple multa cuando se trata de hechos que ponen en evidencia la crueldad, el instinto asesino y la falta de eximentes que concurren en un caso como éste en el que un  aparente ser humano, digo lo de aparente porque no tiene ninguna nota de humanidad exceptuando tener el DNI y una filiación civil, ya que carece de cualquier sentimiento y emoción quien comete hechos de esa crueldad  sin paliativos que hablan de una mente enferma que puede llegar a utilizar esos medios para matar a un ser humano con igual saña. Quien no tiene sentimientos de piedad hacia un ser vivo, persona o animal, está mostrando su catadura moral.
Debería cambiar la legislación para hacerse más acorde a las exigencias de una mayor protección hacia los animales, que están siendo víctimas y masacradas por la furia homicida de seres que olvidan que ellos también pertenecen al reino animal, y sólo les separa de las otras especies la capacidad de razonamiento, esa que utilizan para hacer el mal por el gusto de hacerlo y despreciando el dolor, el sufrimiento de otro ser vivo, precisamente, del que le ha dado todo: compañía, fidelidad, amor sin límites y una lealtad que no se encuentra entre las personas, y a esas virtudes de las que ha disfrutado de su perro, el canalla del dueño agradece sometiéndolo a toda clase de malos tratos, en una demostración ruin de la distancia que hay entre un perro y su nobleza, y la indecencia  de quien se siente superior y por ello con derecho a demostrarlo por ser un ser racional, aunque esa misma racionalidad le ha convertido en una mala bestia.
Con sentencias así y mucho más duras que castiguen comportamientos criminales como éste, sería posible que el hombre y el animal, sobre todo el doméstico al que aquel explota, pudieran vivir en una comunidad en la que el amor, el respeto y la mutua compañía fuera algo bilateral y no, como sucede ahora, la demostración de que los animales tienen mucho más que enseñarnos a los humanos que  nosotros a ellos, porque todos los días nos dan prueba de una humanidad, en el sentido profundo de la palabra, que a muchos individuos como el de esta noticia les falta, ofreciendo su lealtad sin límites, su amorosa compañía, su abnegación puesta a prueba muchas veces y esa absoluta entrega que, en ocasiones, les lleva a confiar y a ponerse en manos de canallas como el que protagoniza esta noticia que los llevan hasta la muerte.
Con noticias como éstas y otras muchas similares, se siente vergüenza de pertenecer a la raza humana, la misma de la que es miembro un canalla semejante y otros muchos anónimos que tienen conductas similares en las que se demuestra su propia calaña de psicópatas.



jueves, 12 de marzo de 2009

Ecos de una masacre


Ayer, 11 de marzo, se cumplieron cinco años desde la masacre en Madrid, perpetrada por los terroristas. A pesar de ello, aún viven en libertad muchos de los culpables sin haber pagado su horrendo crimen. ¿La sociedad española se ha olvidado ya de la magnitud de aquella matanza? Parece como si todos tuviéramos prisa en olvidar lo sucedido y no hablar sobre ello, a juzgar por el silencio que hay, en general, y que parece querer borrar, a fuerza de no nombrarlo, ese trágico día del calendario y de las conciencias de todos. Y las víctimas, muertos, heridos, familiares que aún lloran y se preguntan por qué pasó, ¿podrán olvidar algún día la tragedia que les cambió su vida?