Violencia de género

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jueves, 7 de abril de 2011

La "normalidad" y sus víctimas







                         El asesino y su víctima


La “normalidad” y sus víctimas.



Si en mi blog  Cuestión de principios había escrito recientemente sobre la inadmisible y terrible ola de víctimas de la furia homicida que arrasa muchos hogares y vidas, el pasado lunes, día 4, las páginas de los diarios y los telediarios han vuelto a mostrar la sangrienta cara del machismo en sus más crudas consecuencias: el rumano, Dorel Marcu, de 21 años de edad y sin antecedentes penales, asesinó, estrangulándola, a su pareja, de 19, embarazada de 5 meses, y mostró su cadáver a través de la webcam al padre del homicida, al que advirtió que iba a matar también a la hermana de la víctima que convivía con ellos, de 13 años, cuando regresara del colegio. La pareja vivía en Torrejón de Ardoz.
El padre del agresor, en un gesto que le honra, avisó a la policía rumana que, a través de los mecanismos de colaboración internacional, comunicó a la policía española lo sucedido que, pocas horas después del asesinato, se presentó en el domicilio donde convivía la pareja y allí encontró al homicida, a la hija de tres años de la víctima, de una relación anterior, y a la hermana menor que acababa de llegar de clase y a la que le dijo aquél que su hermana estaba dormida.
El autor de los hechos no puso ningún tipo de resistencia a la Policía, y según se supo después, la víctima le había dicho a su asesino que quería romper la relación y que el hijo que esperaba no era suyo. Fue entonces cuando se produjo la tragedia. Al parecer, y según testimonio de la madre de la asesinada, su hija era infeliz por las continuas discusiones que mantenía la pareja.
         Con esta son ya 18 las muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex, en lo que llevamos de año, lo que es una auténtica sangría mortal que pone de manifiesto la incapacidad de la sociedad para poner fin a esta lacra en la que el machismo más feroz, la brutalidad, la irracionalidad, cuando no la propia psicopatología de algunos hombres, se cobra impunemente víctimas inocentes que el único mal que han hecho es confiar en alguien que no se merece el calificativo de hombre, por ser sólo el mal remedo de una mala bestia.
Quizás la única explicación a tanta barbarie es el hecho que no hay que olvidar: el hombre es el único macho que maltrata a la hembra de su especie, según afirman ilustres naturalistas, lo que pone en evidencia que la racionalidad supuesta en ciertos individuos es sólo la máscara que encubre  instintos homicidas, ciertos y no supuestos, que sólo necesitan cualquier excusa para ponerse de manifiesto con tan trágicas consecuencias. No todos los que matan están locos, como demuestra la psiquiatría en multitud de ocasiones, pues en muchos de estos asesinos existe la más absoluta capacidad de raciocinio y saben lo que están haciendo y quieren hacerlo. En otros, los menos, ciertos factores de patología psiquiátrica, alteraciones de la personalidad y múltiples elementos perturbadores como la droga o el alcohol, pueden llevarles a cometer actos violentos de funestas consecuencias.
Son los especialistas en cada caso y después de estudios concienzudos de cada autor de tales hechos, los que tienen que dictaminar a qué grupo pertenece el acusado, y su posible imputabilidad.
Además de la noticia, de por si trágica y siniestra por su repetición cotidiana, el comentario desacertado de Salvador Sostre, el ya polémico comentarista en diversos medios de comunicación que está siempre rodeado del escándalo,  publicado en su blog de opinión en el diario El Mundo, ha levantado ampollas por la naturaleza del contenido de dicho texto, ya que pone de manifiesto, aunque su intencionalidad sea otra distinta y más prosaica, la opinión  que para muchos provocan estos hechos trágicos y que ha refrendado el autor de este desafortunado comentario       -que ha obligado al director de dicho diario  a ordenar que sea eliminado del periódico y a pedir públicamente excusas por permitir que dicha publicación de tanta tirada e influencia mediática le haya dado cabida- que tiene más de oportunismo en la redacción del escrito que deseo de justificar lo injustificable y que, para que el lector pueda conocer su contenido, se expone a continuación:

El chico rumano de 21 años que ha estrangulado a su novia embarazada, también rumana, de 19, “era un chico normal”, según han dicho de él sus vecinos y conocidos. “Discutían como cualquier pareja”, ha explicado la madre de la víctima. Después de cometer el crimen –o de presuntamente cometerlo, hasta que no se celebre el juicio- el chaval, horrorizado por lo que había hecho, telefoneó a su padre a Rumanía y le mostró el cadáver de su novia muerta a través de una webcam. 

Porque un chico normal de 21 años que está enamorado de su novia embarazada, es normal que pierda el corazón y la cabeza, el sentido y el mundo de vista, si un día llega a casa y su chica le dice que le va a dejar y que además el bebé que espera no es suyo.

Ni puedo justificar ni justifico un asesinato ni cualquier forma de maltrato tenga consecuencias más leves o más graves. No pienso que haya causas morales que puedan justificar matar a alguien, ni que puedan servir siquiera de atenuantes en el juicio. Digo que a este chico les están presentando como un monstruo y no es verdad. No es un monstruo. Es un chico normal que se rompió por donde todos podríamos rompernos

Espero que si algún día me sucede algo parecido disponga del temple suficiente para reaccionar quemándome por dentro sin que el incendio queme a nadie más. Pero me reconozco en el dolor del chico, en su hundimiento, en su caída al fondo de sí mismo oyendo las explicaciones de su novia. Me reconozco en su desesperación, muy normal y nada monstruosa: en su herida, en su desgarro. Quiero pensar que no tendría su reacción, como también lo quieres pensar tú. Pero ¿podríamos realmente asegurarlo? Cuando todo nuestro mundo se desmorona de repente, cuando se vuelve frágil y tan vertiginosa la línea entre el ser y el no ser, ¿puedes estar seguro de que conservarías tu serenidad, tu aplomo?, ¿puedes estar seguro de que serías en todo momento plenamente consciente de lo que hicieras?

Que la justicia dicte su sentencia y que sea tan severa como tenga que ser. Ante un asesinato no hay causas morales. Pero este chico no es un monstruo. Es un chico normal disparado al centro de su querer, arrancado a la vez de su novia y de su hijo, sometido a una violencia brutal que al no ser física nunca se considera pero que ahoga y machaca lo mismo que cualquier otra violencia.

Hay muchas formas de violencia. La mayoría de los que escriben y leen sobre sucesos ignoran cómo a veces el amor se convierte en escoria y en desgracia y se abraza desesperadamente a la tragedia. ”

         Naturalmente, se ha levantado un revuelo por este polémico artículo, porque se ha visto en él la apología evidente del maltrato a la mujer. Lo que ha despertado las iras de tirios y troyanos, especialmente de miembros y “miembras” del PSOE que intentan sacar baza de ese asunto, echándole la culpa al director de El Mundo, porque, al fin y al cabo, las elecciones están cercas y hay que agarrarse a lo que se pueda para desprestigiar a la oposición y al periódico que, aunque mantiene su independencia, le da caña al partido en el Gobierno por los continuos disparates, contradicciones y vueltas de timón que viene ofreciéndonos desde su llegada al poder.

 El uso del calificativo “normal”, aplicado por Sostre al autor de estos sangrientos hechos, no es más que la repetición, aunque poco apropiada según el trágico suceso, de lo que afirman de él vecinos y conocidos que no se explican lo sucedido porque es una persona “normal” en apariencia y nunca tuvo una denuncia por parte de su pareja. Ahí queda todo. Viviana Aido, la Secretaria de Estado para la Igualdad (¿de quién con quién o con qué?) poco le ha faltado para encender la hoguera donde quemar a Sostre y todos los que son sospechosos de defender lo indefendible: el maltrato a la mujer.

Quien lea el texto sin falsos prejuicios, podrá ver que no está justificando el asesinato, sino que intenta  razonar por qué supuesta “gente normal” cometen tales acciones terribles, rompiendo así una cotidiana conducta de normalidad y sin actos previos violentos que puedan explicar la sin razón de tal hecho homicida.

Como mujer que siempre se ha manifestado en contra de los malos tratos -mal llamados “de género”, y no como debe llamársele “violencia doméstica” que sufren mujeres, niños y ancianos-, no me siento indignada por un texto así, porque no deja de ser simplemente una “boutade” de alguien que busca la notoriedad y que su nombre corra de boca en boca, en una premeditada campaña auto publicitaria que le está dando los réditos que busca: que su nombre sea conocido y se hable de él en todos los medios de comunicación. Lo que me indignan son los hechos criminales contra la mujer y los demás seres indefensos y no el oportunismo de quienes quieren medrar a costa de hechos trágicos y terribles como éste. Si lo consiguen, es porque los demás se lo permitimos.

Ya dijo el Cordobés, citando sin saberlo a Oscar Wilde, en una célebre frase “Que hablen bien o mal de mí, pero que hablen”. Sostre se ha dado cuenta de que para poder ser contratado con cifras millonarias por cadenas de televisión para programas de debates, como polemista, hay que primero hacerse un caché en el que el escándalo, la polémica y el calificativo de provocador, sean los valores en alza, porque eso aumenta la audiencia. Por el contrario, si eres un comentarista más, “políticamente correcto”, que dice lo que todo el mundo espera oír y defiende lo que es normal defender, no haces carrera en el mundo de la televisión y la radio en el que el criterio que manda es la audiencia y sus servidumbres. A mayor escándalo, mayor audiencia y viceversa.

Los que se escandalizan de un artículo así, no se dan cuenta de que está medido hasta el más mínimo detalle para no tener problemas legales, lo que se demuestra  en cuanto al párrafo que dice “Ni puedo justificar ni justifico un asesinato ni cualquier forma de maltrato tenga consecuencias más leves o más graves.”  Sabía muy bien lo que decía y cuáles podían ser sus consecuencias, independientemente de la polémica y el escándalo que buscaba premeditadamente, de  lo que que parece que no se han dado cuenta los que se han hecho eco de su provocación y que han servido muy bien a sus fines publicitarios, aunque el motivo que ha usado sea trágico, execrable y merecedor de toda la repulsa hacia su autor y el respeto hacia la víctima, sus familiares, las muchas  mujeres que viven un infierno día a día y  las demás víctimas de todo tipo de violencia. Quien tiene que sentir vergüenza de esta monstruosa situación en la que vive especialmente la mujer, es la propia sociedad, todos los que la formamos,  porque es la que crea los monstruos que la ejercen contra quienes tienen más cerca y están más indefensos.

Textos como el de Sostre, desgraciadamente, que buscan sólo la simple provocación oportunista e interesada, pueden tener como efecto rebote, que muchos descerebrados se vean justificados en el uso de la violencia “por amor”, haciendo realidad esa horrible frase, desgraciadamente puesta de manifiesto continuamente, que dice “la mate porque era mía”. Y eso sí que el polémico y provocador autor ha debido sopesar antes de escribirlo, porque el fin no justifica nunca los medios, sobre todo si el fin es hacerse popular y famoso a costa del sufrimiento, la muerte de las victimas de la barbarie que él intenta explicar de forma torpe, torticera e interesada.

Y si no fuera la búsqueda de notoriedad la única motivación para escribir dicho texto inoportuno, y sí reflejara su propio pensamiento sin más, es que además de provocador ejerciente y desaprensivo, es completamente irresponsable y un peligro social porque demostraría que es verdad el dicho de "se dice lo que se piensa, se piensa lo que se hace y se hace lo que se es". En una palabra, un angelito de cuidado.