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sábado, 12 de mayo de 2012

La terrible defensa del infanticidio





                Aunque la actualidad trae permanentemente noticias que causan horror a cualquier ser humano con un mínimo de sensibilidad y de decencia, hay asuntos como el que ahora se trata que han despertado las justas iras en las redes sociales por la gravedad siniestra que conlleva la defensa del infanticidio, aunque ésta no es nueva en la colección de horrores pergeñados por la propia mente humana.
            El tema ha surgido a raíz de la defensa realizada por dos bioéticos Alberto Giubilini y Francesca Minerva, de las facultades de Filosofía de Milán (Italia) y Melbourne (Australia),   en una revista médica,  Journal of Medical Ethics, defendiendo la tesis de que matar a un recién nacido no se diferencia en nada, en el plano moral, a practicar un aborto. Esta afirmación ha despertado la reacción lógica de indignación e ira en internet y ambos han recibido amenazas de muerte.
Alberto Giubilini y Francesca Minerva
            Ambos bioéticos afirman en su artículo que un feto y un recién nacido son dos seres “moralmente equivalentes”, cuestión ésta que es irreprochable, puesto que ambos tienen el potencial de convertirse en personas, lo que les lleva a afirmar que, partiendo de dichas premisas, existen idénticas razones para justificar tanto el aborto como el infanticidio.
            "El aborto posparto debería ser permisible en todos los casos en los que lo es el aborto. Incluso aunque el niño no presente ninguna discapacidad", puede leerse en el resumen de su exposición. Por ello, sostienen que matar a un recién nacido no es una alternativa al aborto, ya que según dichos autores “realizarlo en las primeras fases (del embarazo) es la mejor opción”. Sin embargo, añaden "si después del nacimiento se detectase alguna enfermedad no identificada durante la gestación; si algo va mal durante el parto o si alguna circunstancia económica, social o psicológica cambiase y supusiese una carga inaguantable", las personas deberían tener la opción de no verse forzadas a hacerse cargo del niño.
Imagen de un recién nacido
            Estos autores aceptan que la adopción puede ser una posible alternativa al infanticidio, aunque admiten que esta posibilidad (la adopción) "podría causar un estrés psicológico insoportable".
            Este artículo ha sido contestado mayoritaria y airadamente en internet y , además de calificar a sus autores como “crueles, viles o asesinos”, han recibido claras amenazas de muerte. Uno de los dos autores del artículo controvertido, Francesca Minerva, ha manifestado, según el diario británico Daily Mail, que los últimos días desde la aparición de sus opiniones en la mencionada revista científica "han sido los peores de mi vida" y lamenta que sus palabras hayan sido sacadas “de  su contexto teórico y académico·, y afirma “no estoy animando a que se haga”.
            Ante la virulenta reacción que ha tenido la opinión pública ante la lectura de dicho artículo, el editor de la revista, Julian Savulescu,ha emitido una nota, tratando de  justificar las razones que le han llevado a publicar dicho controvertido artículo que sostiene la defensa del infanticidio.
            "La novedad no radica en la defensa del infanticidio, cuyos argumentos se han repetido a lo largo de la historia", afirma Savulescu, "sino en su aplicación en favor de los intereses de la madre y de la familia".  Sostiene que el abandono de recién nacidos para que muriesen era una práctica habitual en algunos periodos de la historia; y  parece existir indicios de que sigue teniendo lugar en algunos rincones del planeta, como China o India.
            Además, añade que le parecen peor las respuestas "hostiles, abusivas y amenazadoras" que ha despertado. Y  finaliza diciendo, "más que nunca, la discusión académica y la libertad están bajo amenaza de aquellos que se oponen a los valores de una sociedad liberal".
Editor de la revista al que llaman "Asesino de niños"
            Naturalmente, la opinión de los expertos españoles en bioética no se ha dejado esperar y Natalia López Moratalla, presidenta de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica, afirma que estos argumentos "carecen de fundamento desde el punto de vista médico, ético y científico" añadiendo que la revista en la que se han publicado carece de gran prestigio (pese a que pertenece al grupo 'British Medical Journal').
            María Lacalle, directora de la cátedra de Bioética y Biojurídica de la Universidad Francisco de Vitoria, afirma que este artículo forma parte de "una corriente de opinión minoritaria, pero creciente, que defiende que no todo ser humano es persona".
            "Según esto, no seríamos personas como tales hasta que no adquirimos autonomía, autoconsciencia, autodeterminación... y eso, llevado al extremo, es peligrosísimo, porque supone que dejaríamos de ser humanos en ciertos periodos de nuestra vida", explica Lacalle.
            Ante los argumentos del escandaloso artículo cabría preguntarse, por ejemplo:¿En qué momento se convertiría en persona un niño? ¿Un ser humano con daño cerebral dejaría de ser persona? ¿Quién pone el umbral y determina qué o quién es persona? Los planteamientos que se abren son enormes.
            Por otra parte, José Jara, presidente de la Asociación de Bioética de Madrid, afirma en relación con la opinión que plantean los bioéticos en el polémico artículo "parte de un error de principiante en cuestiones éticas. Argumentan que el neonato puede ser eliminado porque no puede pensar y el hecho de ser humano no depende de eso. Los niños están en fase de maduración cerebral y los ancianos de degeneración cerebral y no por eso son más o menos personas".
            Por ello, afirma Jara, "no consideran al recién nacido como poseedor de dignidad por el hecho de ser humano sino que su derecho a ser respetado depende de si es o no deseado".    
            Por último, otro de los especialistas en el tema, Koldo Martínez Urionobarrenetxea, presidente de la Asociación de Bioética Fundamental y Clínica,  afirma que las ideas expuestas en el mencionado artículo, aunque polémicas y provocadoras, no son del todo novedosas. "Ya Peter Singer y Michael Tooley defendieron el infanticidio en casos de malformaciones; pero estos autores añaden ahora que sea lícito por razones sociales, económicas, familiares o psicológicas".
            A juicio de Martínez Urionobarrenetxea, probablemente se trate de "uno de los artículos más controvertidos en la historia de la bioética", aunque sostiene que los argumentos de Minerva y Giubilini ("que no son dos popes de la bioética") son "un mero ejercicio de reflexión teórico de dos académicos desde las trincheras de su despacho, porque el debate de la sociedad no está en el infanticidio".
Cartel contra el aborto
            Ahora bien, desde el punto de vista jurídico,  está bien definido en el Código Penal español  que el infanticidio es un delito; sin embargo, existen ciertas lagunas. Por ejemplo, deben haber transcurrido 24 horas de vida para que un recién nacido pueda ser inscrito en el registro civil y para que puedan adquirirse derechos patrimoniales. Esta es una cuestión controvertida para las familias que pierden a un recién nacido durante el parto, nace muerto o fallece a las pocas horas de nacer, ya que este intervalo de tiempo de 24 horas es un peligroso umbral legal que deshumaniza a los recién nacidos y puede provocar efectos indeseables.
            Por otra parte, las múltiples y airadas reacciones que ha provocado la publicación del controvertido artículo hacen hincapié en una cuestión no prevista por sus autores: que la defensa del infanticidio da argumentos  contundentes a quienes se oponen al aborto, porque si se acepta, como es lógico, que moralmente es igual un feto que un recién nacido -lo que admiten los propios autores del artículo-, y la propia sociedad rechaza la idea del infanticidio como es normal por la monstruosidad que conlleva, igualmente es rechazable el aborto por las mismas razones que lo sustentan.
            En una palabra, el infanticidio es un crimen que rechaza toda sociedad civilizada, lo que pone de manifiesto que el aborto lo es igualmente, aunque difiera solamente en el tiempo de ejecución, porque ponen fin a una vida humana que, por su propia indefensión e inocencia, ponen en evidencia el horror que encierran estas teorías defensoras de uno y otro, haciendo patente su monstruosa naturaleza pervertida que mata el milagro de la vida.