Violencia de género

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miércoles, 30 de julio de 2014

El pederasta de Ciudad Lineal


AnaAlejandre                                                                                                                           
Retrato robot del supuesto pederasta buscado
por la polícía

                
     La pederastia, esa terrible lacra que sufre la Humanidad desde sus albores, con mayor tolerancia en unas épocas y culturas que en otras, es ahora noticia diaria en la prensa nacional, protagonizada por el sujeto que ha raptado y violado a varias menores en Madrid -niñas entre 5 y 10 años todas ellas-, y después de abusar salvajemente de dichas criaturas, las abandona en cualquier lugar público bajo los efectos de los sedantes que les ha dado para cometer sus actos repugnantes, sin olvidar lavarlas con sumo cuidado antes de dejarlas en libertad, para así borrar todo resto biológico del cuerpo de sus víctimas que pueda delatarle.
      El perfil psicológico y físico que ha realizado la policía -se muestra el supuesto retrato robot de dicho pederasta y que aparece al margen de este artículo, ofrece los datos de ser un varón, entre 35 a 40 años, alto y corpulento pero de rostro fino, pelo castaño y ojos oscuros. Puede estar casado o separado, pero la policía cree que no tiene hijos, además de que posee conocimientos criminológicos por su modus operandi. Las niñas secuestradas han dado datos de su físico y de su coche, un modelo utilitario pequeño, blanco o gris, lo que ha llevado a la policía a rastrear, uno por uno, a más de 78.000 vehículos que tienen dichas características.
     El último de los secuestros sucedidos en Canillas, no corresponde del todo al método utilizado por el pederasta autor de los reiterados secuestros y abusos, por el tiempo que ha durado el mismo, alrededor de una hora, y por el hecho de no haberla lavado después, en contraposición a los casos anteriores en los que las niñas estaban en su poder alrededor de cinco horas, de las que permanecían dormidas -por los tranquilizantes que les daba- prácticamente todo el tiempo, lo que les ha evitado vivir conscientemente las salvajadas que les ha realizado el canalla que las secuestró, aunque están seriamente afectadas psicológicamente por el trauma vivido. Esto lleva a pensar a la policía que el pederasta puede no ser uno sólo, sino dos o más individuos en cometer tales vilezas.
       España ocupa el deshonroso primer puesto de tráfico ilegal de pornografía infantil de toda Europa, por lo que cada vez son más frecuentes las grandes operaciones contra la pederastia, pero no sólo en territorio español, sino también en diferentes países. Sólo en España se llegaron a registrar 1990 redes de pederastas en 2004. Dichos delitos utilizan internet como vía de ejecución y propagación de su asqueroso material en la escalofriante cifra de un 89%. Lo cual indica la gran importancia que para pedófilos y pederastas -los primeros son consumidores de pornografía infantil, aunque no cometan abusos de menores; los segundos pasan a la acción, cometiendo secuestros, abusos y, en muchos casos, asesinatos de los menores que han elegido como víctimas-.Por este motivo, los policías que investigan el caso del pederasta de Ciudad Lineal, como se le llama en los medios de comunicación, están tratando de averiguar si el pervertido sacó fotografías de los abusos a los que sometió a las diferentes niñas secuestradas, con el fin de exponerlas en los repugnantes sitios donde se juntan y se comunican estas ratas de cloaca, a fin de poder averiguar su identidad si dichas fotos estuvieran expuestas en la red.
        En España se están produciendo continuamente casos repugnantes de pederastia. No hay que olvidar el caso de Torres Baena, el profesor de Kárate de Las Palmas que abusó de una cincuentena de niños a los que "enseñaba" a hacer más cosas que las posturas y golpes de kárate. También el caso del colegio Valdeluz, en el que el profesor de música fue denunciado por varias de sus alumnas y que está en pleno juicio. Y en los últimos días, han detenido a un joven por abusar de sus dos hermanos aún niños repetidamente, abusos que grabó para ofrecerlos en las redes de pederastas a los que era asiduo.
La labor de investigación policial es importante, pero la colaboración ciudadana es imprescindible. Esta necesidad se puso de manifiesto en el caso al que se podría llamar "del buen ladrón", protagonizado, en Jaén, por un ratero que se había introducido en un piso para robar y descubrió una serie de cintas de vídeo. Las miró para comprobar si merecían la pena llevárselas y se encontró asqueado con las repugnantes imágenes del dueño del piso abusando de cuatro menores que había grabado en video. Se llevó las cintas y las dejó debajo de un coche, avisando a la policía, diciendo lo siguiente: "He tenido la desgracia de que han caído las cintas en mis manos y me veo en la obligación de presentarlas dejando que ustedes hagan su trabajo y puedan meter a ese... en la cárcel de por vida". Más tarde, se entregó voluntariamente.
         Este caso debe servir de ejemplo para quien sospeche de un familiar, amigo, compañero o conocido, sobre las posibles acciones de pederastia que pueda llevar a cabo y lo denuncie, porque las víctimas inocentes que van a ser marcadas de por vida, como demuestran las estadísticas de niños y niñas abusados que presentan trastornos psicológicos de por vida, depresiones e intentos de suicidio logrados o no, no pueden quedar en manos de quienes, por enfermedad o depravación, no pueden estar en esta sociedad cometiendo sus canalladas impunemente, amparados en el supuesto anonimato que da la red -donde contactan con menores a los que acosan para conseguir sus sucios propósitos-,o fotografiando a niños de forma obscena en la intimidad, miembros de su propia familia o hijos de amigos, alumnos, etc., con o sin abusos previos, y mostrando demasiado interés por todo lo relacionado con imágenes más o menos eróticas infantiles.
        Quien sospeche de alguien de su entorno con evidencias suficientes, debe cumplir con su obligación de ciudadano con conciencia moral y alertar a la policía de dichas evidencias o hechos que son potencialmente peligrosos para los menores que estén al alcance de los depredadores sexuales que son los pedófilos y pederastas, unos miserables que no pueden andar sueltos hasta que sean descubiertos demasiado tarde, cuando ya han destrozado la vida de los inocentes que hayan caído en sus manos.
      Por último, recuerdo lo que el psicólogo Javier Urra, ex Defensor del Menor de Madrid, y experto en este gravísimo problema, dijo en una entrevista reciente sobre la única salida ética que les cabe a los pederastas reincidentes y violadores, de los cuales muchos de ellos son irrecuperables, según la propia psiquiatría, hayan sufridos abusos o no en su niñez. Estos individuos, después de cumplir sus condenas siempre demasiado leves -no existe la cadena perpetua-, para los gravísimos e irreparables daños que han causado, sólo tienen la única posibilidad ética y moral, de plantearse el suicidio. Confiesa que se lo ha propuesto así a algunos de sus pacientes que trata en su calidad de experto en psicología, por ser autores de tan terribles actos, diciéndoles: "Mírate al espejo y plantéate tu futuro y, sobre todo, plantéate si te merece la pena seguir viviendo".
        A esta inteligente pregunta sólo puede responder cada pederasta -aunque muchos de ellos son psicópatas que no pueden tener remordimientos, ni capacidad de sentir culpa-, por lo que me temo que los valores morales les deben sonar a chino, y les importa un pimiento el dolor que causan a sus víctimas, porque para estos desechos humanos, el concepto de humanidad y de respeto al otro, a los menores abusados, no lo han tenido nunca porque sus víctimas son "cosas", objetos para usar, y de los que obtener un beneficio o placer sexual sin mayores consideraciones. Si no fuera así, sólo cometerían un acto de pederastia, porque del horror que sentirían después, serían los primeros en hacerse justicia, ésa que la sociedad maniatada por las propias leyes no le puede hacer, porque antes están los "derechos" de los delincuentes y criminales que los de sus víctimas inocentes que van detrás de ellos como un trágico y sangriento reguero.

sábado, 22 de febrero de 2014

Las rede sociales y la cultura



                De todos es sabido que las redes sociales son un medio muy útil para comunicarse, difundir noticias, anunciar productos y promocionar las obras de quienes crean en alguna de las modalidades artísticas de literatura, cine, música, fotografía, artes plásticas, etc. 
            Esas herramientas fantásticas de promoción, divulgación y publicidad puesta a disposición de los creadores para publicitar sus respectivas creaciones y al resto de usuarios que quieren comunicarse, pueden llegar a convertirse en un arma de doble filo cuando se usan y abusan de forma indiscriminada por quienes, en un deseo de darle la mayor difusión a sus obras, sean del género que sean, empiezan a bombardear con mensajes y sin descanso a amigos, conocidos o simples miembros de sus grupos de las redes sociales, incitándoles, pidiéndoles y, en algunos casos, con una exigencia implícita, casi insolente, a que los que reciben sus mensajes, sus spots o sus "sugerencias"  -que tienen más de órdenes que de meras peticiones-, digan que les "gusta", que "siguen", que "comenten" o, simplemente, que actúen como agentes publicitarios de quienes consideran que los demás, los destinatarios de sus mensajes, no tienen criterio propio y son sólo meros instrumentos puestos a disposición del ego, de la vanidad, o de la soberbia de quienes se consideran el ombligo del mundo alrededor del que giran, o deberían hacerlo, los demás.
            Naturalmente, si hubiera que estar leyendo todo lo que se recibe, subiéndolo a las respectivas redes, marcándoles el consiguiente "me gusta" o comentando todos los spots, no habría tiempo para hacer otra cosa, ni atender a las actividades propias, ni cumplir con las obligaciones, porque no se haría otra cosa que servir de agente publicitario de los  textos, obras, ocurrencias, tonterías varias y demás parafernalia que se encuentran en las redes, llenas de ociosos y/o curiosos, los más, y de creadores, los menos; además de los que necesitan llamar la atención aunque sólo sea escribiendo que se están tomando un café o se van a la cama, como si estas "noticias" tan relevantes le pudieran interesar a nadie más que a los propios interesados que las escriben porque no tienen nada mejor que decir o hacer. Hay otros que consideran que mientras más expresiones y sonidos onomatopéyicos reproduzcan en sus spots, twitts o comentarios son más originales, simpáticos, ocurrentes y divertidos, de los que pueden servir de ejemplo los de: "¡Holaaaaaaaaaaaaa!, ¡¡¡¡Buenasssssss nocheeeeees!!!!!!, ¡¡¡¡¡Ja,ja,ja,ja,ja!!!!!, ¡¡¡¡¡Quéeeeeee divertidooooooooo!!!!! ¡¡¡Huyyyyyyy, huyyyyyyyy!!!!!, ¡¡¡¡¡¡Adiooooooooosssss! y sandeces semejantes, propias de quienes, por no tener que decir nada de interés, recurren a hacerse notar con tonterías tales, más propias de adolescentes, que oculten la vaciedad de pensamiento e ideas que padecen, haciendo mucho "ruido", porque no hay que olvidar que la falta de ideas se suple, a juicio de semejantes mentecatos, con la expresión constante de su presencia ruidosa, jocosa y chirriante, aunque ignoran que dicha actitud demuestra bien a las luces que son lo que parecen, es decir, unos necios absolutos y que, además, ejercen de ello, sean o no famosos.
            Hay otra plaga en las redes sociales que son los que continuamente suben a la red fotografías personales, de sus allegados, de su perro, gato, conejo, canario, peces de colores y demás mascotas; sin obviar la de su pueblo, de su casa, de su colegio de la infancia, cuando hizo la primera comunión, del primer coche, moto o bicileta, de cuando eran pequeños, bebés, etc., en un intento pueril de exhibir públicamente retazos de su intimidad, a la que consideran interesantísima para todos, sin advertir el peligro de mostrarla públicamente ante una pluralidad de gente a la que no conocen, excepto  a unos pocos  -peligro que han demostrado muchos casos que han salido en la prensa sobre uso fraudulentos y delictivos de fotografías y datos expuestos en la red por sus legítimos propietarios-, y  que ignoran ingenuamente el uso y abuso que pueden dar personas poco escrupulosas a esas fotografías y/o datos personales. Esa continua exhibición de fotografías personales que a nadie importa   -antes de cortarse el pelo y después, con gafas y sin ellas,  y múltiples y continuos "antes y después" de infinidad de  pequeños cambios de aspecto, de "look" que, por supuesto, no importan a nadie, exceptuando a los más íntimos que ya tienen acceso a dichas imágenes de forma directa y sin necesidad de internet-, la hacen por un prurito de vanidad -no hay nadie más iluso, pueril y vanidoso que quien considera que su persona y sus propias circunstancias interesan a los extraños, a no ser que se trate de una celebridad-, porque no pueden ofrecer nada más que su intimidad  que deja de serlo desde el momento que la exhiben pública, innecesaria y peligrosamente.
            Naturalmente, no todos los usuarios de las redes sociales actúan de dicha forma exigente y desconsiderada, o bien, pesada y pueril, sean o no escritores, artistas plásticos, músicos o ejerzan cualquier otra actividad creadora o sean, simplemente, usuarios de las redes sociales que buscan la comunicación con amigos y conocidos. De lo contrario, sería  insoportable acceder a dichos lugares de encuentros virtuales, porque sería necesario  y aconsejable, en el caso de los que quieren imponer su primacía en las redes,  mandar a paseo a semejantes dictadores, o pasar de ellos sin más. De lo contrario,  haría inviable la posibilidad de conectarse a dichas redes para no tener que soportar el agobio, la persecución y el mandato de quienes, aparentando ser los únicos protagonistas ante sus seguidores o amigos, consideran que las redes sociales son un cortijo propio donde poder ejercer su tiranía, su exigencia implícita en su actitud soberbia que se pone de manifiesto en actitudes a las que ayudan las diferentes coletillas o esloganes programados por  las diversas redes como "Me gusta" o "Sígeme", y que convierten en muletillas propias e exigentes, a través de mensajes directos a sus contactos, como si quien recibe esa supuesta  sugerencia, más bien un mandato implícito, no tuviera criterio propio, libertad de opinión, de expresión o de rechazo ante aquello que le es impuesto en nombre de una supuesta amistad o de simple relación virtual que, por parte de quien intenta ser alabado continuamente en su obra, sólo es una  usurpación descarada de la voz y voto de quien, paradójicamente, se la niega, ni  respeta su criterio ni  libre voluntad, ante la imposición descarada de quienes se consideran líderes de las redes sociales que, por otra parte, siempre suelen ser aparentes usuarios como otros cualquiera, pero que trabajan para y cobran de dichas redes por mantener las páginas encomendadas y que compiten entre ellos para conseguir mayor número de seguidores, de spots comentados y de los famosos "me gusta", para sobresalir respecto de sus otros competidores que son  sus compañeros en el mismo cometido.
            Es  necesario que quienes mantienen  y controlan dichas redes, pongas los medios necesarios para evitar este acoso por parte, sobre todo, de quienes mantienen las páginas previo pago y se sienten así "amos del cortijo" -como se dice anteriormente-, con acceso al grupo de cuentas que les son asignadas, para boicotear cualquier intento de comentar por parte de dichos usuarios spots, notas, vínculos, etc., de otros usuarios que no sean de quien boicotea el sano y lícito derecho de expresar su opinión libremente y sin ningún tipo de presión o de control, haciendo el debido uso de unas redes sociales que están para comunicarse, como foros de intercambio y de opinión, pero sin que deban convertirse en plataformas de presión sobre sus usuarios de lo que deben pensar, aprobar, rechazar, gustar o seguir. Estos son armas utilizadas en los países totalitarios donde la opinión de cada uno está mediatizada y sometida a censura previa, la que en las redes sociales ejercen muchos "progres" de salón y de pacotilla.
            Es curioso que, cuando no se hace caso del imperioso "me gusta" esto o aquello, se empieza a tener problemas  al intentar enviar comentarios a spots de amigos o conocidos que sí gustan, con libertad y ejerciendo el libre criterio de toda persona adulta, porque  comienzan los problemas "técnicos" para enviar dichos comentarios, en una manifestación descarada de quienes pueden impedir esa posibilidad, poniendo "trabas" o, incluso, modificando datos de la nota biográfica del usuario "disidente", haciéndolo público y notorio, como si los hubiera escrito el propio interesado, lo que puede ser constitutivo de delito. Cuando no castigan con el "silencio", a aquellos que no se avienen a aceptar la presión recibida por quien intenta imponer su opinión en contra de la de quien se la pide, paradójicamente, y se ordena a los del grupo que no respondan al usuario "disidente" que tiene criterio propio y no se deja mediatizar.
            Ante situaciones así de acoso puro y duro, para que los demás se conviertan en los fans de quien quiere imponer su primacía, aunque estén disfrazados dichos hechos de "bromas" o de actos anónimos, además de presentar la debida queja ante la propia red social que sea, hay que tomar otras medidas si la "obstrucción" sufrida se mantiene por parte de quien, por tener acceso a los datos del usuario en cuestión, puede insertar, modificar o borrar los mismos, creyendo que actúa impunemente, porque lo hace siempre desde el anonimato cobarde de los que nunca dan la cara, aunque demuestran que la tienen muy dura.
            Las redes sociales son una excelente forma de comunicación y expresión, pero sólo cuando en ella intervienen personas que, de verdad, demuestren un mínimo de educación, respeto por la opinión ajena, y por tanto, que sean verdaderos exponentes de la libertad de expresión, máxima definición de la cultura en cualquiera de sus manifestaciones, y no meros fantasmones que se creen superiores e incuestionables "reyes del mambo", porque son los que intentan marcar el ritmo para que lo bailen los demás al son que ellos tocan, aunque siempre desafinen.