Violencia de género

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miércoles, 10 de abril de 2013

Juegos macabros




                       Desde hace un tiempo a esta parte, se están produciendo en muchos de los aeropuertos españoles, especialmente en el de Barcelona, unos actos de total peligrosidad, aunque quien los lleve a cabo crean que son unas simples "bromas" -con este extraño y siempre macabro sentido del humor que está tan de moda entre una parte de la gente joven, porque si los autores fueran adultos sería un problema de psicopatología evidente o un acto terroista-, pero que merecen ser calificados como intento de homicidio por imprudencia temeraria.
            Los hechos se refieren al deslumbramiento de los pilotos durante la peligrosa fase de aterrizaje con punteros láser que se "apuntan", desde la distancia y la supuesta seguridad del anonimato, hacia las cabinas ocupadas por la tripulación en pleno vuelo y cuando está a punto de aterrizar el aparato en cuestión, creando auténticos puntos ciegos que dificultan las siempre peligrosas maniobras de aterrizaje y ponen en evidente peligro a los pasajeros y tripulación de los aviones que son "atacados" así por este espeluznante juego que realizan auténticos descerebrados con instintos homicidas que se divierten con tales "proezas", pero que lo harían mucho más si se produjera un accidente de gravísimas consecuencias y muchas víctimas, el que sería filmado en video o foto para, después, colgarlos anónimamente en internet (todos los cobardes buscan el anonimato) para regocijo de los hijos de... que los llevan a cabo y de todos los necios aficionados a los "jueguecitos" en los que se pone en peligro la vida de seres inocentes para poder satisfacer así sus mentes de psicópatas ansiosas de sangre, pero siempre que ésta no sea la suya. 
                        Los hechos son tan repetidos que Aena tiene previsto elaborar un mapa de riesgo de los aeropuertos en los que son más frecuentes dichos ataques a pilotos con punteros láser, para así informar a las distintas compañías aéreas que operan en territorio español, a fin de evitar que se produzcan los efectos indeseados y trágicos que buscan los indeseables que los llevan a cabo, aunque se tengan que tomar otras medidas, como puede ser la suspensión de los vuelos cuando ello lo requiera la situación en  ciertos momentos.
          El Gobierno respondió así al diputado de UPyD, Carlos Martínez Gorriarán, que preguntó el pasado 28 de noviembre, si se iban a tomar medidas de seguridad en los diversos aeropuertos por la gravedad de estos hechos. La respuesta fue que se ha establecido un procedimiento uniforme en todos los aeropuertos, basado en los datos que se tienen de todos los incidentes, para que dichos hechos vandálicos sean denunciados ante las autoridades competentes y, si reviste especial gravedad, a la Comisión de Accidentes e incidentes de Avición Civil (CIAIAC).
         También, se han adoptado en todos los aeropuertos sistemas de gestión de la seguridad operacional que tienen como misión evaluar de forma continua los peligros que afectan a cada operación concreta en cada aeropuerto y así poder decidir en cada ocasión si es oportuno poner en marcha las medidas para atajar el riesgo hasta niveles aceptables.
         Hasta el mes de octubre pasado, el departamento de Seguridad Operacional del aeropuerto de Barcelona se produjeron 35 "deslumbramientos" por puntero láser, según informaron los diversos pilotos afectados cuando aterrizaban en El Prat.
              Habría que preguntarse qué condena habría que imponer a los "inocentes bromistas" que utilizan el puntero láser para hacer su "proeza" del día, ya que el número de tales individuos crecen como hongos, porque la técnica ha puesto en manos de estos bárbaros armas potenciales con los que saciar su sed de diversión a costa de echar fuera la mala baba que tienen, la falta de escrúpulos para actuar en la supuesta seguridad que les proporciona el anonimato con el que actúan y la cobardía cierta, no supuesta, que ponen en evidencia.
            El puntero láser sólo es el medio para  desahogar su instintos depredadores, porque la técnica se está convirtiendo en aliada involuntaria de los psicópatas, aunque lo peor es que quien empieza apuntando de "broma" con un puntero láser al piloto de un avión con más de cien o doscientos pasajeros a bordo, terminará aburriéndose de hacerlo, y cambiará el puntero láser por un  rifle de mira telescópica o un misil comprado en el mercado negro de las armas. El asesino potencial que es cada uno de estos indeseables busca sangre y víctimas con la disculpa de hacer una simple gamberrada y, cuando vea que no consigue su macabra finalidad, entonces buscará medios más expeditivos para conseguir dar gusto a su sed de víctimas, a su propia rabia y frustración ansiosa de emociones fuertes, pero que, sobre todo, las vivan los demás, mientras ellos, desde la seguridad de su atalaya, se sienten reyes por un día y amos del mundo, de ese inframundo en el que viven, actúan y salen a cazar víctimas inocentes todos los días los psicópatas aficionados -pero que algún día pasarán a profesionalizarse haciendo mayores atrocidades- que son todos estos indeseables que les gusta jugar a cara o cruz con la muerte, pero siempre que sea la muerte ajena.
            Las leyes tienen que ser rigurosas en su condena de tales hechos, en proporción a la peligrosidad e intencionalidad que revisten. La sociedad no puede tener su seguridad pendiente de un hilo, de ese que está en manos de quienes inventan o ejecutan la última moda en "gamberrada" que los canallas descerebrados que pululan por doquier ponen en práctica, tratando así de demostrarse a sí mismos y a los de su calaña de lo que son capaces. De eso no cabe la menor duda y lo lamentable es que sus "experimentos" no los hagan con ellos mismos como receptores y posibles víctimas. Se irían al otro barrio haciendo dos buenas acciones, las únicas de sus perras vidas: evitar posibles víctimas inocentes y privar a la sociedad de unos peligrosos psicópatas que sobran, sin duda alguna, en este mundo al que odian y al que querrían hacer estallar hecho añicos, pero quedándose ellos fuera, tan fuera como están sus mentes alienadas de la cordura, la razón y la más mínima y necesaria humanidad.